Kemoko se quedó con los Yukpas y les mando a hacer bollitos de maíz y chicha, y en una noche hizo crecer diversos productos para la comida, les enseñó a tumbar y a sembrar y les dijo que si era malo se marcharía. Estuvo con ellos un año y se fue.

Practicando los conocimientos de Kemoko.

Carlos Armato (2006)
Cuando Kemoko se quedó sólo con la ardilla, tomó un zamuro que lo convirtió en su  mujer y de allí salieron los españoles, africanos y demás personas que sabían más que los yukpas porque él mismo se los enseñó.

Kemoko se fue de ellos y parece haber dejado el mundo yukpa bajo el dominio de Karabo, el ser maligno que viene en las nubes negras, así su mundo parece estar entregado a él presente en el frío, la tormenta, el hambre y el viento incluso en el corazón codicioso de los criollos que arrancó a los yukpas de los valles más fértiles y cálidos, y los mandó a la soledad inhóspita de la sierra. 

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