Alzheimer:

Esta enfermedad neurodegenerativa se evidencia con la perdida progresiva de las capacidades cerebrales producidas por la degeneración de las células del cerebro relacionadas con el razonamiento, el aprendizaje y la memoria.

Comienza a manifestarse con pequeñas fallas en la memoria, perdida de objetos,  cambios en la personalidad y falta de orientación en lugares conocidos  para evolucionar a lapsus mentales más agudos como la pérdida de la memoria reciente y de la propia conciencia así como la  imposibilidad de reconocer a los amigos y familiares e incluso  la capacidad total de valerse por si mismo y depender completamente de los demás.

La aparición de esta enfermedad puede verse influida por factores como la depresión, el aislamiento, la inactividad,el estrés y  la mala alimentación del adulto mayor.

Aunque no tiene cura, existen algunos medicamentos o drogas que pueden retrasar su desarrollo y mejorar los síntomas. El tratamiento farmacológico debe ser complementado con actividades cerebrales que permitan preservar la memoria el mayor tiempo posible. Por  ejemplo,  es recomendable adquirir nuevos intereses y habilidades, evitar la rutina, interactuar con los demás integrantes de la familia.

Artritis:

El cartílago es un tejido firme que recubre el hueso de las articulaciones, absorbe los golpes  cuando se ejerce presión sobre éstas  y  suaviza el movimiento.
Cuando el cartílago se desgasta los huesos rozan entre sí y se produce una inflamación en la articulación conocida  comúnmente como artritis.

Esa inflamación viene acompañada de otros síntomas como dolor articular, enrojecimiento de la piel en el área de la articulación comprometida, disminución de la capacidad de movimiento y rigidez especialmente en horas de la mañana.

Su tratamiento varía de acuerdo a la causa, el tipo de articulación afectada, la gravedad  y la manera como esta dolencia afecta las actividades diarias.

En el adulto mayor esta enfermedad puede atacar varias articulaciones simultáneas y simétricamente, lo que deviene en una alteración anatómica de la articulación y el aumento de su  nivel de discapacidad.

Diabetes:

Es un desorden metabólico causado por la deficiencia de insulina o el aprovechamiento inadecuado de esta hormona por el cuerpo lo que permite la concentración de elevados niveles de azúcar en la sangre.

En el adulto mayor es común la diabetes tipo dos, en la cual el organismo no produce suficiente insulina o bien no puede aprovechar la que produce.

El tratamiento de esta enfermedad está basado en la aplicación periódica de insulina, una hormona encargada de transportar el azúcar transformado en glucosa a las células del organismo para suministrar energía y mantener los niveles de este componente normales.

Esta enfermedad está asociada principalmente a los malos hábitos alimenticios y al sedentarismo del adulto mayor, por lo que una dieta balanceada y caminar diariamente son complementos fundamentales en su tratamiento.

Enfermedades arteriales:

Están relacionadas con la obstrucción de las arterias y la muerte de los tejidos que dependen de ellas debido a la falta de irrigación sanguínea. En el adulto mayor esta complicación genera afecciones físicas severas.

Por ejemplo, la obstrucción de una arteria de las piernas puede producir dolor en las  pantorrillas al caminar pocos metros y en casos extremos esta oclusión arterial puede provocar la amputación de  los dedos de los pies.

Este exceso de presión – conocido generalmente como hipertensión arterial-  se produce cuando  la tensión en las arterias, producida por el corazón al bombear la sangre,  aumenta y rebasa el límite normal.


Esta enfermedad en sus inicios es asintomática y generalmente es detectada cuando  se produce alguna complicación, como por ejemplo hemorragias producto de  la  rotura  de una arteria.

Lumbalgia:

Es un dolor focalizado en la zona baja de la espalda causado por trastornos en las vertebras lumbares, ligamentos, músculos y nervios de esta área del cuerpo.

Generalmente se origina por el estrés, el sobreesfuerzo físico, las malas posturas al sentarse, el sedentarismo y durar mucho tiempo de pie.

Se diagnostica a partir de un interrogatorio y una minuciosa valoración física que permite determinar  el origen exacto del dolor y el tratamiento a seguir.

El tratamiento farmacológico varía de acuerdo al origen e intensidad del dolor. Sin embargo, mantenerse físicamente activo a tolerancia es un complemento fundamental en el tratamiento farmacológico de esta enfermedad.

Mal de Parkinson:

Es una enfermedad que produce la muerte de neuronas del sistema nervioso productoras de una sustancia llamada Dopamina, encargada de controlar a los músculos y nervios que coordinan el movimiento corporal.

Comienza a manifestarse con dolores en las articulaciones, dificultades para realizar movimientos y agotamiento. Cuando el parkinson ya ha avanzado aparecen signos de rigidez y temblor corporal y en el caso del adulto mayor, depresión.

Esta sintomatología es acompañada de efectos secundarios como incontinencia urinaria, constipación, trastornos del sueño, sudoración, excesiva, calambres, entre otros. Este cuadro clínico le impide al adulto mayor en la mayoría de los casos realizar movimientos simples como levantarse de la silla e incluso girar su cuerpo.

El Mal de Parkinson no tiene cura, sólo puede  retrasarse su progreso y aliviar  sus síntomas. Su tratamiento es personalizado y se basa en la ingesta de fármacos que estimulan la producción de Dopamina en el cerebro o retrasan su deterioro.

Osteoporosis:

Esta enfermedad esquelética se caracteriza por la reducción de los minerales del tejido óseo. Su mayor secuela es la fractura del hueso.

Su aparición en la etapa del envejecimiento es acelerada gracias a la reducción de ingesta de calcio y vitamina D, el consumo de alcohol, el tabaquismo y la inactividad física, siendo esta última la principal causa de pérdida ósea.

El tratamiento  más efectivo es la prevención. Está basado principalmente en la modificación del estilo de vida de la persona de la tercera edad, que comporta el consumo de vitaminas y minerales variados, la ingesta de 1200 mg de calcio al día, baños de sol  así como la práctica de ejercicios físicos.

Es preciso que el adulto mayor practique regularmente alguna actividad física, no sólo para mejorar la salud de los huesos sino también para fortalecer el sistema muscular, la coordinación y el equilibrio, todo esto con la finalidad de evitar las comunes caídas.

Estos cambios deben ir acompañados de la orientación  médica y de los fármacos que el galeno considere necesarios..

Las enfermedades crónicas degenerativas se caracterizan por afectar la autovalidez del adulto mayor reduciendo el número de actividades diarias que puede realizar.

La aparición de este tipo de enfermedades está condicionada principalmente por los malos hábitos alimenticios del adulto mayor en  su juventud.

Enfermedades físicas