Indudablemente, el desarrollo de la sociedad en la actualidad
requiere de hombres abiertos al
cambio, listos a resolver cuanto problema surja con un criterio alto de
responsabilidad moral.
Los últimos encuentros nacionales e internacionales
sobre problemas de la educación en general han centrado su atención en
impulsar estrategias de desarrollo acordes para estos tiempos, que permitan
las transformaciones demandadas por las exigencias sociales. Entre los
múltiples aspectos que se
debaten en esta dirección, en Venezuela se encuentra uno muy importante en lo que respecta a la
acción de los proyectos
educativos y en lo que a la formación de
hombres se requiere, y es su capacidad de incorporarlos
a la sociedad con el mayor
desarrollo posible de sus potencialidades.
Ahora bien, surgen entonces
interrogantes.¿Para que tipo de sociedad e individuo va a formar el
docente?, ¿Cómo debe trabajar el maestro
en esa dirección?, ¿Sus niveles de profesionalización se lo permiten?. Es
evidente que los retos de esta década desafían al docente en su trabajo educativo; pues este
no solo requiere de nuevas estrategias que logren ese hombre abierto al
cambio, sino la incorporación de toda la sociedad al proyecto educativo
porque sus frutos se revertirán en ella misma.
Esto implica la formación de un tipo de profesor activo que no termina su formación en las instituciones de formación inicial y que tiene que saber adaptarse a todas las situaciones que se le presenten, que debe saber analizar su práctica de forma autónoma, que debe construir su propio currículo, que debe investigar y modificar su trabajo. Se
puede observar como en los modelos conductistas de formación del profesorado el
término era “Competencia” mientras que en los modelos alternativos el término es
“Reflexión”. Esta reflexión
tiene un desarrollo reciente como objeto
de estudio y todos los novedosos programas de formación del profesorado
incluyen actividades que desarrollen esta actividad. Por lo antes expuesto, a manera de conclusión puedo decir que los procesos educativos deben ser capaces de incorporar desde edades tempranas a los sujetos como entes de autoeducaciòn y autodesarrollo, y que sean lo suficientemente hábiles para lograr los avances de las ciencias, las humanidades, y la tecnología en correspondencia con el propio nivel alcanzado en esas ramas.
El papel de la escuela y del maestro,
por tanto se torna diferente como motor impulsor de esas necesidades. Se
ponen de manifiesto, una vez más, los sueños de los mas progresistas
pensadores educacionales y de las organizaciones internacionales como la
UNESCO que siempre ha defendido
criterios como “La escuela del porvenir
deberá hacer del objeto de la educación el sujeto de su propia educación;
del hombre que soporta la educación, al hombre que se educa a si mismo; de
la educación de otro a la educación de si. Este cambio fundamental en la
relación entre seres al programar un diálogo creador permanente del hombre
sobre el mismo, es el problema más difícil que se plantea a la enseñanza para los futuros
decenios”
|
|