Editorial

 

      Indudablemente, el desarrollo de la sociedad en la actualidad requiere de hombres abiertos  al cambio, listos a resolver cuanto problema surja con un criterio alto de responsabilidad moral. Los últimos encuentros nacionales e internacionales  sobre problemas de la educación en general han centrado su atención en impulsar estrategias de desarrollo acordes para estos tiempos, que permitan las transformaciones demandadas por las exigencias sociales. Entre los múltiples aspectos   que se debaten en esta dirección, en Venezuela  se encuentra uno muy importante en lo que respecta a la acción de los proyectos  educativos  y en lo que a la formación de hombres se requiere, y es su capacidad de incorporarlos  a la sociedad con el mayor  desarrollo posible de sus potencialidades.

 Ahora bien, surgen entonces interrogantes.¿Para que tipo de sociedad e individuo va a formar el docente?, ¿Cómo debe trabajar el maestro  en esa dirección?, ¿Sus niveles de profesionalización se lo permiten?. Es evidente  que los retos de esta década  desafían al docente  en su trabajo educativo; pues este no solo requiere de nuevas estrategias que logren ese hombre abierto al cambio, sino la incorporación de toda la sociedad al proyecto educativo   porque sus frutos se revertirán en ella misma.

 Cabe preguntarse además, ¿qué modelo de formación puede ser más apropiado para iniciar y desarrollar al profesorado en una sociedad con perspectivas revolucionarias: feministas, ecológicas, paradigmáticas, multiculturalistas , de los medios de comunicación de masas, globalizante y más aún con incertidumbres axiológicas?. En este orden de ideas también es bueno preguntarse si el modelo de formación responde al modelo de individuo    heràclito, hedonista, autopoiètico   y esquizoide que actualmente comparte nuestras aulas escolares.

 En primer lugar las instituciones formadoras de docentes y el docente mismo deben situarse ante las exigencias del mundo actual, tener en cuenta las grandes líneas de la problemática educativa contemporánea, concebir las instituciones educativas al servicio de la persona, lograr nuevos planteamientos de las relaciones educativas e interiorizar los rasgos actitudinales del perfil del docente  exigidos  por la sociedad actual.

 Es dentro de este marco referencial  que resulta pertinente  tratar sobre el perfil del docente . Intentar acercarse a definirlo  puede parecer a la vez imposible y relativamente sencillo en el momento presente. Relativamente sencillo porque aparentemente podemos disponer en la actualidad de elementos suficientes para señalar lo que caracteriza el ser y el buen hacer del docente. Imposible, debido  a que en la lógica  de la realidad el ejercicio profesional del docente  se encuentra condicionado  por las modalidades y contenidos de la educación. Consecuencia y expresión a la vez de una específica situación cultural, caracterizada al presente en general por el vertiginoso avance de la   ciencia y la tecnología.

 Esto implica la formación de  un tipo de profesor activo que no termina  su formación en las instituciones de formación inicial y que tiene que saber adaptarse a todas las situaciones  que se le presenten, que debe saber analizar su práctica de forma autónoma, que debe construir su propio currículo, que debe investigar y modificar su trabajo.

Se puede observar como en los modelos conductistas  de formación del profesorado el término era “Competencia” mientras que en los modelos alternativos el término es “Reflexión”. Esta  reflexión tiene  un desarrollo reciente como objeto de estudio y todos los novedosos programas de formación del profesorado   incluyen actividades que desarrollen esta actividad.

 Por lo antes expuesto, a manera de conclusión puedo decir  que los procesos educativos  deben ser capaces de incorporar desde edades tempranas a los sujetos como entes de autoeducaciòn y autodesarrollo, y que sean lo suficientemente hábiles para lograr los avances de las ciencias, las humanidades, y la tecnología en correspondencia  con el propio nivel alcanzado  en esas ramas.

El papel de la escuela y del maestro, por tanto se torna diferente como motor impulsor de esas necesidades. Se ponen de manifiesto, una vez más, los sueños de los mas progresistas pensadores educacionales y de las organizaciones internacionales como la UNESCO  que siempre ha defendido criterios como “La escuela del porvenir   deberá hacer del objeto de la educación el sujeto de su propia educación; del hombre que soporta la educación, al hombre que se educa a si mismo; de la educación de otro a la educación de si. Este cambio fundamental en la relación entre seres al programar un diálogo creador permanente del hombre sobre el mismo, es el problema  más difícil que se plantea a la enseñanza para los futuros decenios”