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LA REBELIÓN
CONTRA EL OLVIDO. Palabras del Profesor Temístocles Salazar en la reapertura del Museo Pedagógico. Señoras, Señores: Cuando cumplí el pasado 15 de Marzo, 30 años de estar dando clases en forma ininterrumpida en esta querida Universidad de Los Andes, creí que había llegado mi tiempo final en estas aulas y me atreví a soñar muriendo pero enseñando, sin embargo, me encontré de nuevo con este Museo que lleva mi nombre para empezar de nuevo el recorrido, como cuando llegué por vez primera al Táchira, en l973, en medio de carreteras llenas de colina y esperanzas asustadas, y desde aquel día me hice tachirense ante la fuerza mágica de esta tierra, de sus seres, sus amores, sus maestros, su Universidad seráfica que es la mía. ¡Quién ha dicho que la magia es una falsedad si este pedazo de tierra también me pertenece como a ustedes!. He resguardado la eternidad del alma en la pequeñez de un ruego de quedarme aquí para servir al prójimo, sin nada a cambio que no sea un pedazo de tierra para morirme. No me resigno al retiro inevitable porque retirarme es empezar a morir dijo una vez el gran cellista Pablo Casals, pero me respondo a la vez con palabras de Gracián : Tiempo tendremos, que el morir de viejos no puede ser tan de repente. Pero en estos tiempos de guerra y de miseria no se puede cantar a la muerte ni tampoco cantarse a sí mismo que es como cantar a la soledad en medio de los cañones. Hoy quiero cantar al Museo que reapertura su vuelo, y cantar al Museo es cantar a mi Cátedra de Historia de la Educación que la vi crecer en el aula, en los Archivos históricos en las aldeas, en el mito, en búsqueda de seres que hoy pueblan este Museo; y cantar a la cátedra es cantar a la Universidad que es madre nutricia que todo lo da y todo lo perdona, y cantar a la Universidad es vencer a la muerte, y somos iguales a los |
| universitarios de
Massachussets o de Londres o de Bagdad que en medio de la muerte, protestan
y “llenan de arena la boca de los vivos”, para repetir a Milorz. Hoy en el
fragor de la barbarie, la Universidad es conciencia, conocimiento y plegaria
de que la muerte puede ser vencida como puede ser vencida la belleza. Estimados amigos Nos es dado ver a muchos viejos que casi no hablan y todo el tiempo parecen mirar a lo lejos, cuando en realidad miran hacia dentro, hacia lo más profundo de su memoria. Porque la memoria es lo que resiste al tiempo y a sus poderes de destrucción, y es algo así como la forma que la eternidad puede asumir en ese incesante tránsito. Esto lo dijo Sábato. Y viéndolo bien, la Universidad es una gran memoria que no permite que muramos, una memoria con ruidos de voces y sueños de alumnos, trabajadores, profesores, para que no seamos olvidados; y el Museo es parte de esa memoria, porque el Museo es un aula, y donde hay aula hay clases y hay memoria para no naufragar en el intento de eternizar la palabra y el consuelo. En el aula no hay máscaras porque allí se encuentran los destinos desatados. En la Universidad no hay muertos en vida porque en ella no se exigen derechos a mansalva, y la libertad donde se fundan nuestras Cátedras no están hechas de privilegios que matan sino de deberes a cumplir con la memoria que ama y eterniza. Aquí no hemos perdido la gratitud y a los viejos se les respeta y no son dejados a su soledad y a la amargura. Por eso fundamos este Museo para que la memoria nos salve del río durmiente donde caronte capitanea la barca. Pero este Museo tiene la virtud de ser hecho o construido con el alma y las manos de miles de jóvenes estudiantes que han poblado nuestra Cátedra por casi veinte años, investigando la vida y obra de ilustres maestros y maestras para salvar y fortalecer la memoria pedagógica del Táchira. Desde nuestra cátedra NOS HEMOS REBELADO CONTRA EL OLVIDO Y EL DESPRECIO AL MAESTRO, y el Museo es una expresión de nuestra rebelión. Ese olvido y ese desprecio es consecuencia de que la sociedad se ha deshumanizado porque la educación se ha independizado del poder y viceversa. La educación no puede estar prisionera del poder para que los maestros no sean prisioneros del olvido. Sólo la educación humaniza como lo hacía Quirón, el maestro del mito y de los héroes, cuando superaba con su magia la mitad bestia de su cuerpo, según nos lo refiere el académico estudioso de los mitos Enrique Flores. Este Museo nos brinda la oportunidad de que los viejos maestros y maestras que lo pueblan con sus rostros, biografías, palmetas y libros, puedan mirar hacia lo más profundo de sus memorias y decir como el místico Juan de Yépez: ¡Oh mi Dios!, ¿Cuándo será cuando yo diga de vero vivo ya porque no muero? Amigos todos: El Museo no es una caja de sorpresas ni algo que nos llegó de lejos; el Museo es un camino comenzado en 1985 cuando nuestros alumnos se decidieron con heroísmo recuperar del olvido y el silencio a tantos maestros jubilados abandonados en pueblos y aldeas de este Táchira amado. Por eso decimos con orgullo y con justicia: los hacedores de este Museo son los alumnos y alumnos son los ilustres educadores y educadoras investigados y homenajeados, y son los comunicadores de la prensa regional que comprendieron nuestra misión y nuestra rebelión de salvar del olvido y del desprecio al maestro tachirense y que rompieron con el tabú de que solo lo político, lo militar y lo sacerdotal es lo que tiene valor cuando en verdad el Táchira es paideia, es una inmensa poesía pedagógica. El Museo entonces será un lugar de reflexión sobre un mundo como el pedagógico, lleno de historias escondidas y sorprendentes. Todo en él será imágenes para evidenciar que es una estructura de rostros edificantes, de textos y objetos que motivan a organizar la memoria colectiva del hombre tachirense, para que pueda ser leída hacia delante, lectura de humanismo y de almas de niños que no han visto la historia como tiempo perdido. Este Museo es único en el país y es primero. Aspiramos que el mismo contribuya un relanzamiento de nuestra Universidad de Los Andes hacia el Táchira, siempre bondadoso con nuestros proyectos. El Museo representaría el caudal de riqueza pedagógica del Táchira, que será investigada, exhibida, proyectada en instrumentos y rostros donde el tachirense se contemple a sí mismo, dejándose llevar por su propia historia y comulgando con objetos y rostros que lo identifican como una historia viva y única. Queridos amigos: Hoy el Museo, que lleva mi nombre, realza el vuelo, gracias a los desvelos mancomunados de la Lic. Ada Marina Nava, Directora de esta Biblioteca, de la Profesora Gladys Niño, Coordinadora de Extensión y del Dr. Héctor Augusto Maldonado, Decano Vicerrector de la ULA Táchira. A ellos mi agradecimiento eterno en nombre de los alumnos de mi cátedra, de los ilustres maestros y maestras que nos honran con sus rostros y biografías, de mis amigos, colegas de la Cátedra, del Departamento de Pedagogía al cual está adscrito el Museo, y de mi familia, que sabrá valorar el hondo misterio de una vieja querencia de un viejo amigo que la incomprensión y la fragilidad pusieron a prueba pero no la desviaron hacia la mezquindad ni el odio. No pido merecimientos, pero este reconocimiento de decidir que este Museo lleve mi nombre no lo puedo rechazar, porque lo asumo con la sencillez que me caracteriza y con la emoción contenida en una frase de un viejo maestro que aquí hemos traído, cuando nos decía en medio de lágrimas agradecidas: el mejor homenaje que se le hace a un maestro es en vida y no después de muerto. Quiero morir en el aula dije un día y este Museo me brinda esta oportunidad tan deseada de repetir de nuevo : quiero morir en el aula. Señoras, Señores, bienvenidos a este Museo. Muchas Gracias San Cristóbal, 21-03-2003. |