URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela, Abril – Junio 2004. Año 2 N° 2.
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA


Editorial
El Rostro del Museo
Temístocles Salazar
El significado de Samuel Robinson
Temístocles Salazar
Seremos Maestros
Antonio Betancor
La educación como proceso histórico social...
Yolanda Becerra Torres
La experiencia arquitectónica de los grupos escolares en
el Táchira 1935 -1958

Reinaldo J. Mendoza O.
Autoridades
Principal
LA EDUCACIÓN COMO PROCESO HISTÓRICO SOCIAL
Y SUS PERSPECTIVAS PARA EL NUEVO MILENIO (2)

? Perennialismo. Etapa representada por los tomistas y netomistas, según los cuales la tarea de la escuela era conservar y perpetuar las conquistas de la humanidad. Se refugia en las verdades eternas y constituye la base estructural de la educación medieval. Es función de la escuela aprovisionar la mente de conocimientos considerados válidos por su génesis sagrada. Es una educación al servicio de las clases privilegiadas.

? Esencialismo: Representa una
tendencia conservadora que se fundamenta
en los postulados cientifistas. Plantea la
moderación del carácter mediante una
disciplina formal, el aprendizaje memorístico
y la repetición de hábitos necesarios
de conservar. Constituye un planteamiento
educativo al servicio de los intereses políticos
y económicos.

? Progresismo: Se basa en la Pedagogía Pragmática de Dewey. Esta concepción se fundamenta en la experiencia; desecha los valores eternos y rechaza todo autoritarismo o absolutismo dogmático. La educación se considera como un instrumento adecuado para la asimilación y la promoción de los cambios.

? Reconstruccionismo: La educación tiene como propósito fomentar un programa de reforma social y señala que los educadores han de emprender esta labor sin demora, fundamentados en un ideal democrático. Se trata de una filosofía para una era de crisis. La educación debe conducir a un cambio mental profundo, de tal forma que el pensamiento se use para la creación y no para la destrucción. Se trata de una tendencia para la elaboración de una nueva cultura.

• Otra función que se ha asignado a la educación es el desarrollo de la personalidad a través de la cultura. Prieto Figueroa (1990) considera que la cultura es un producto del hombre, de su actividad. Por tanto, es función de la educación la pervivencia cultural, lo cual se logra a través de la asimilación de las técnicas y valores por la comunidad expresados en los comportamientos de las personas. Spranger (1961) señala que en la cultura están contenidos los modelos que sirven a todos para enfrentarse a las situaciones nuevas y cambiantes, pero, como éstos se integran en la experiencia que es individualizada, cada quien asimila a partir de sus esquemas mentales, entonces, el proceso adquiere un matiz particular, por lo cual no es igual para todos los seres. En la actualidad estas argumentaciones tienen fundamento en las teorías que plantean el conocimiento como resultado de un proceso constructivo, pues de acuerdo a los esquemas mentales se interpretan los productos de la cultura (Solé y Coll, 1995).


4. La Educación en el contexto actual.

El tercer milenio abrió sus puertas a un momento histórico determinado por la hegemonía de las tendencias económicas. El mercado se erige como el ente más poderoso de la humanidad. Surge una mano invisible que determina políticas agrestes en todo el mundo y que se difunde como una nube de humo a través de una cultura globalizada, la cual rompió las fronteras disciplinarias y geográficas en función del beneficio de unos pocos que subyugan a más del 80% de la población mundial, mediante un sistema de capitalismo salvaje neoliberal que ha impregnado todos los ámbitos sociales (Risquet, 1997). Por ende, se hace importante abordar la educción en la actualidad a objeto de poder precisar, posteriormente, los retos de este proceso para este presente tan dinámico y controversial.

A raíz del fenómeno político económico con antelación descrito y a los avances científico tecnológicos, la cultura actual describe una sociedad comunicacional diversa y dinámica, continente de una multiplicidad discursiva que avanza a ritmos violentos, no dando a veces tiempo suficiente para la apropiación de una novedad, porque ya el mercado ha lanzado otra. Fenómeno que invade todos los campos, desde el cotidiano hasta el científico. A ello no escapa la teoría educativa y se aprecia en el mar informativo que circula en el mercado, el cual sobrepasa la capacidad de las estructuras mentales y como afirma Morin (1986) provoca un aumento de la incertidumbre y un progreso de la ignorancia (En Porlán, 1995).

Aunado a lo expuesto es necesario destacar el presente como el momento de la imagen, muy bien utilizada por las esferas económicas, para instituir la cultura del consumo y de lo estético, fundando una ética caracterizada por un desplazamiento de los valores del ser por los valores del tener. Se vive la cultura de lo efímero, del momento y del placer, un placer sin esfuerzo que atrofia la libertad (Gervilla, 1993).

La educación en gran parte de los contextos mundiales pareciera no tener norte, pues aún permanece en la cultura exclusivamente transmisora, a pesar de existir todo un bagaje discursivo que clama un cambio; son pocas las posibilidades de un encuentro de teoría y práctica. La educación informal que afirma los valores alienantes del consumo, de la competencia malsana, del individualismo exacerbado, promovida por los medios de comunicación y de información gana cada día más terreno. La educación institucionalizada a través de la escuela se aprecia cada vez más retraída y opaca y la función de las instituciones educativas se diluye en la sociedad. Se puede decir que la escuela está en crisis. Ugas (1997) acota al respecto “el alumno asiste a la escuela para rellenar un espacio de su tiempo, por que no la <<ve>> como un centro de información (…) y el maestro <<ve>> el aula como un sitio para trasvasar información; milita en el desencanto laboral” (p. 50).

Desde las Pedagogías Críticas esta situación es asociada con formas de poder. En tal sentido Appel (1995) refiere que la situación presente de las escuelas no es producto de un proceso desconocido, ya que la enseñanza es una tarea política y, en consecuencia, es manejada desde los intereses hegemónicos. De ahí que exista la tendencia a enfatizar en el éxito educativo sólo desde la visión técnica y comercial. Por ello se le ha asignado a la escuela la tarea de preparar el capital humano que garantice el éxito individual en un mercado de trabajo competitivo, tornándose entonces en instrumento de discriminación, pues al obedecer las reglas de juego neoliberal, acepta la aplicación del principio neodarwiniano “sobreviva el más apto”.

Sin embargo, la demanda educativa referida en el párrafo anterior, para el momento actual, tampoco es asumida seriamente por la escuela; en su generalidad, los centros se muestran incompetentes para tal exigencia tecnócrata, especialmente, la escuela dependiente del sector público en los países que no tienen mayor desarrollo económico. Las instituciones educativas parecen indiferentes ante los imperativos de los nuevos tiempos. Pareciera que lo acontecido en el mundo no es con ellas; pasan los años y su estructura y función, en la mayoría de centros, es la misma: Una estructura autoritaria acompañada de una función repetidora. Tanto los fines como las reformas educativos(as) existen en las bases legales, en el papel, pero ellas, las escuelas, nada tienen que ver con esas aspiraciones. Vale la pena clarificar que cuando se habla, en esta disertación, de escuela, se hace referencia al término en su sentido más amplio, incluye las instituciones de todos los niveles educativos.

No obstante, conscientes de esa realidad educativa los pensadores siguen formulando aportes sobre el rol a desempeñar la educación en este momento histórico. A tal efecto, conviene retomar las ideas de Moreno (2001) quien señala que la educación está llamada a cumplir un papel protagónico en la configuración de la aldea global, hacia donde apunta el proceso globalizador y, en ese sentido, aboga porque se entienda la misma “como un factor clave para impulsar el desarrollo sostenible y equitativo de los pueblos y para la superación de los individuos e incrementar el desarrollo humano y la calidad de vida, en general” (p. 140). Define, por ende, a la educación, como un proceso profundamente humano dirigido a la transformación de la persona en sus valores, hábitos, costumbres, forma de ver el mundo y de convivir. Señala el autor que, aún cuando actualmente la humanidad conforme la sociedad de la información y el conocimiento, los medios nunca reemplazarán el componente esencialmente humano, pues el verdadero desarrollo de la persona se define en el contacto con los otros y no sólo con el saber y los medios. Éstos, por sí solos, no permiten la construcción del verdadero conocimiento.

La situación del mundo y de la educación aborda en esta parte del trabajo conduce entonces al planteamiento de los retos que debe asumir la educación en este momento histórico.

5. Retos de la educación en el tercer milenio.

• La formación integral del individuo para los tiempos más dinámicos, de tal forma que logre desarrollar las aptitudes que le permitan desenvolverse en el mundo signado por los vertiginosos cambios, desde concepciones democráticas y valores humanos que destaquen el respeto del otro. Ello implica, considerar el proceso formativo considerando prioritariamente, como ejes centrales de acción el aprender a: hacer, saber, convivir y ser. (Delors, 1998). El reto es incidir para que los hombres y mujeres, sujetos de dicho proceso, adquieran las herramientas que les permitan en un futuro inmediato asumir su vida en forma consciente libre y ciudadana, es decir, favorecer el pleno desarrollo humano.

• Una educación política consustanciada con el ideal verdaderamente democratizador favorecedor de la formación de una conciencia cívica y ciudadana, garante de la igualdad de oportunidades, evitando que se continúe utilizando como instrumento de marginación y exclusión social. Se trata de concretar una educación universalizadota tal como lo plantea Savater (1999) quien afirma al respecto: “el aprendizaje básico en los primeros años no debe regatearse a nadie, ni dar por supuesto de antemano que se ha <<nacido>> para mucho, para poco o para nada” (p. 154).

• Que las instituciones escolares se asuman como espacios abiertos y participativos; los tiempos actuales ameritan de una escuela que enrumbe su acción a promover el ideal democrático, fomentando el intercambio y la participación. Para ello se hace necesario asumir la Pedagogía de la pregunta y el aprendizaje dialógico, en un ambiente de libertad, que junto a la responsabilidad, emerjan como factores básicos que contrarresten el conformismo, el miedo y el silencio de las personas (Imbernón, 1999). Se trata de que ola educación oriente su mirada a la formación del hombre solidario, capaz, honesto y responsable. Conectándose aquí con otro reto explicado posteriormente como lo es la educación moral. Pero, prosiguiendo la disertación sobre la escuela y su imperativa transformación, se propone la asunción de la educación desde cada realidad académica, favoreciendo la convivencia de necesidades diferentes que enriquecen la dinámica del aula, de la institución y de la comunidad. Ello, a su vez, amerita de otro imperativo que consiste en derribar los muros de la escuela a objeto de que se nutra el proceso con la participación de la comunidad, favoreciendo el aprendizaje del trabajo compartido y colaborativo. La educación no sólo es competencia de la escuela, es una responsabilidad social. Urge involucrar el contexto externo a la escuela y viceversa. Igualmente, atendiendo el ideal democratizador de la educación, la escuela debe considerar el acceso a la información y para ello debe orientar todos sus esfuerzos a la incorporación de las nuevas tecnologías educativas, de tal manera que la formación no sea tan desigual en cuanto a oportunidades. Paradójicamente la tendencia globalizadora que lleva la información hasta los lugares más recónditos, también amenaza con dejar fuera a países y continentes completos como África (Imbernón, 1999). La escuela debe aunar esfuerzos por contrarrestar esta exclusión.

• Promover una educación moral; con la transformación de los valores tradicionales surgen cambios en los hábitos y actitudes sociales que conforman la plataforma moral. Al caer en desuso los valores que pregonó la modernidad, como consecuencia del exceso informacional contrapuesto y diverso, se tienden a perder las identidades sociales, sexuales y religiosas que, a su vez, devienen en pánico a perder o asumir la libertad (Subirats, 1999). Por tanto, la sociedad urge de nuevos criterios morales y de socialización, cuyas pautas no sean exclusividad de los mercados mediáticos. El problema es ¿cómo lograrlo? Martínez y Tamayo (1997) por su parte acotan que el problema de la moral y los valores implica la consideración de tres ejes fundamentales que son: el conocimiento, el lenguaje y la democracia y, hacia ellos se deben apuntar las acciones educativas, formativas. Subirats (1999) en cambio plantea dos perspectivas: Una discusión social de la nueva moral y una transformación del docente como un intelectual. (Moreno (2001) aboga por una Pedagogía de valores que se oriente a: enseñar las nuevas relaciones de interdependencia que deviene de la globalización; consolidar la cultura de la paz, la solidaridad y la cooperación; impulsar la cohesión social; favorecer la creatividad y el desarrollo integral del individuo. Todos los elementos que se proponen son necesarios en la construcción de la personalidad moral que requieren los nuevos tiempos, de la ética del tercer milenio: una verdadera democracia participativa y ciudadana que potencie el ideal pedagógico de la formación integral del individuo sin discriminación de raza, credo o condición social, que favorezca en los seres humanos la construcción del conocimiento necesario para desenvolverse en la aldea global, con espíritu de paz, solidaridad y del trabajo compartido y colaborativo. Ello amerita de un docente distinto al repetidor, al que asume su misión desde un enfoque de asalariado. O el docente se convierte en un protagonista del proceso en que está inmerso, o seguirá contribuyendo a la formación de cadáveres, que en vez de vivir deambulan, a la vez que se anula en su ser profesional.

• Nuevo rol del profesorado, en el sentido de lograr una acción educadora más activa. Es urgente que el docente supere su postura de espectador y transcienda a desempeñar el papel de actor en la transformación de una sociedad, que se deslumbra con los avances tecnológicos, a la par que estropea con la desigualdad, pobreza, exclusión y opresión a una gran masa poblacional. Se necesita de un docente líder en cuanto a una acción formadora más politizada, capaz de desarrollar la Pedagogía de la Esperanza que tanto pregonó Paulo Freire en sus obras. Tal cometido implica una apropiación por parte del cuerpo profesoral de un pensamiento crítico y transformador. Mora (1997) acota que la explosión de la información en tiempos tan cortos ha exigido de los docentes la constante actualización, pues se vive en la sociedad del aprendizaje continuo. No se puede proseguir en una práctica centrada en contenidos, por el contrario debe estar orientada por una fundamentación teleológica. Condición que reafirme el carácter de inacabamiento del hombre. Es imprescindible que el docente se plantee constantemente el ¿para qué educa?

• Asumir una educación de calidad bajo la premisa de cómo educar mejor a todos (Aguerrondo, 1994). Esta autora señala que “La calidad de la educación es la orientadora de cualquier transformación del aula, de institución escolar o de sistema educativo” (p. 18). Desde este imperativo se requiere asumir los procesos educativos sobre la base de los requerimientos sociales y de los intereses particulares del contexto, fundamentados en la equidad. Entre nuevamente en juego la pertinencia de diafanidad en cuanto a los fines como elementos de orientación esencial de las acciones pedagógicas, así como un compromiso ético-moral que permita a todos los ciudadanos, tal como lo plantea Cortina 81999), hacerse cargo de la realidad, cargar con ella y encargarse de ella. Esto con el fin de lograr a través de la educación un verdadero proceso de humanización. Se aprecia, entonces, la interrelación de este imperativo con los antes mencionados, pues incluye el ideal democratizador en toda su expresión, en el sentido de luchar por una “educación para todos” y éste, a su vez, amerita de una plataforma moral y de un docente capacitado. Se aprecia nuevamente cómo los retos se conjugan en ese carácter integral del conocimiento, que sólo con fines didácticos se parcela o fragmenta, en aras de ordenar un discurso y de propiciar las condiciones de comunicabilidad y construcción de significado.

• La educación ambiental como mecanismo de preservación del ecosistema tierra a objeto de garantizar la pervivencia de la especie humana. Hoy día los estudiosos tratan de dilucidar si las invenciones han generado una evolución o una involución, al constituir la propia autodestrucción. Se vive el mundo del consumo, como consecuencia, llenamos el planeta cada vez más de desechos. Los medios de transporte, en nuestros países aún no cumplen la función colectiva eficiente, creándose en consecuencia la necesidad del uso diario de vehículos particulares que: congestionan las vías, generan mayor contaminación del aire, incluso sónica y demandan destrucción ecológica para ampliar vías. Pareciera que no se consolida la idea de preservar los bosques, el agua y los suelos. Prosigue la tala indiscriminada, el urbanismo deviene en mayor contaminación de las aguas y el uso inadecuado del suelo. Sumando a ello, las cuantiosas sumas de dinero que implica la conquista del espacio, causando daños irreparables a la capa de ozono, sin determinarse a evaluar las consecuencias para la preservación de la especie. Esto sin contar la influencia de la producción y utilización del armamento bélico. Como se aprecia, la situación es alarmante y demanda respuestas desde la educación para impulsar el desarrollo sustentable. En este sentido, es pertinente el planteamiento de Morin (2001) cuando alude a la necesidad de enseñar la identidad terrenal, como forma de que los ciudadanos del nuevo milenio puedan pensar los problemas de su tiempo y los propios. Se trata de reflexionar y crear conciencia sobre el destino planetario del género humano.

4. Perspectivas de la educción para el siglo XXI

Los retos mencionados en el apartado anterior han orientado el surgimiento de respuestas y perspectivas, que tal como lo señalan Contreras y otros (1996) indican por donde van los tiros. Es decir, actualmente nos encontramos con una gran cantidad de discursos que constituyen respuestas a estos requerimientos y explicaciones sobre los mismos. La idea en esta última parte del trabajo es referir algunas de estas tendencias, pues disertar con amplitud sobre las mismas, incluso considerarlas todas, constituiría el propósito de otro texto. Este sentido, sólo se abordarán las que se consideraron más oportunas.

1. Los retos que deliberan sobre la Educación Democrática y que en su conjunto plantean la necesidad de convertir la escuela en una esfera de diálogo unitario y diverso a la vez, pues la idea es promover la participación de todos en el hecho educativo, de acuerdo a sus posibilidades y competencias. Dentro de ésta, pueden incluirse aquellas opciones discursivas que enfatizan en la incorporación de las nuevas tecnologías como recursos posibilitadotes de socialización e igualdad, en el sentido de crear las condiciones para que los ciudadanos tengan las mismas oportunidades formativas. Como se puede apreciar el ideal democrático se aprecia como un reto y como una respuesta al problema educativo.

2. La globalización en su connotación epistemológica en la premisa de que el ser humano construye el conocimiento de forma integral y no parcelada, deriva propuestas sobre el proceso formativo cónsonas con las posibilidades cognoscitivas del ser humano. Estos discursos apuntan la reflexión sobre formas que potencian una acción cognoscitiva más significativa, es decir, contextualizada y con sentido de vida. Tal vez la intención de estos discursos globalizadores del conocimiento se resuma en educar en la vida, para la vida y desde la vida. Pueden conformar parte de esta tendencia los discursos sobre el constructivismo y el pensamiento complejo.

3. Las pedagogías críticas que pregonan la necesidad de abordar la educación desde una dimensión política y liberadora, de tal forma que contribuya a la formación de una conciencia cívica, ciudadana, libertaria y transformadora de los hombres y mujeres que necesita la sociedad del tercer milenio. Que proponen, en tal sentido, la reconstrucción de las formas de poder que se reproducen en la escuela a través de su estructura organizativa, de los procesos de enseñanza y del manejo curricular.

4. La formación del profesorado desde las diversas corrientes pedagógicas y de la realidad que vive el mundo a objeto de que éste asuma una función activa en el proceso de enseñanza, convirtiéndose en un profesional intelectual que investiga, reflexiona y transforma su práctica, a la vez que participa en los procesos de reconstrucción social. En cuanto a este tópico existe una línea discursiva muy amplia y diversa, pero que apunta hacia el mismo faro: la profesionalización del profesorado y por tanto, la asunción de su intelectualidad.

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