EL ROSTRO DEL MUSEO
CARMEN MOLINA DE PERNÍA

Esta insigne maestra nació el 23 de enero de
1913 en la aldea Paramito del Municipio Pregonero, Estado
Táchira. Sus padres fueron Ramón Molina
Sánchez y Elvira Pernía Carrero. A la edad
de 5 años quedó huérfana de madre
y su crianza fue asumida por su padrino Bartolomé Sánchez,
crianza difícil y severa donde se le castigaba
cuando “no rezaba el rosario”, según
su propio testimonio oral; tiempos aquellos en que la
lucha guerrillera contra la dictadura del General Juan
Vicente Gómez dominaba los espacios de Pregonero
y sus zonas aledañas, y al frente de esa lucha
la figura épica y ética del caudillo liberal
Juan Pablo Peñaloza.
Carmen Molina comenzó sus estudios de primaria
a la edad de 8 años en la Escuela Padre Justo,
de Pregonero, y tuvo de maestra a la gran educadora Isabel
Torres, quien había escrito un libro en Europa
titulado El lápiz del viajero. En 1927, contando
apenas 14 años, Carmen Molina guiada por su tío
José Dolores Pernía, comienza su brillante
magisterio. A la edad de 20 años (15 de Enero
de 1933) recibe su primer nombramiento como preceptora
de la Escuela N° 109 de la aldea Laguna de García,
Municipio Pregonero, con un sueldo de Bs. 150. Allí permaneció por
espacio de 13 años laborando. Aún cuando
estaba residenciada en Pregonero, al contraer matrimonio
con Antonio Nicolás Pernía con quien forjó una
familia ejemplar de diez hijos, Doña Carmen se
trasladaba en mula a Laguna de García, donde laboraba,
venciendo obstáculos en medio de desfiladeros
y espesas neblinas parameras, pero cumplía su
deber, ejemplo para las nuevas generaciones de maestros.
En 1946 es nombrada preceptora de la Escuela 3.207 en
la aldea Las Mesas, en Pregonero, con un sueldo mensual
de Bs.275, allí laboró por espacio de 6
años. En 1952, es trasladada a la Escuela Federal
Unitaria 3.210, ubicada en la Aldea Llano Largo del Municipio
La Grita, con un sueldo de Bs.385. Luego es trasladada
en 1954, a la Escuela Federal Unitaria 872, en la aldea
Guanare de dicho Municipio, donde cobraba 426 bolívares
mensuales, y como no eran suficientes para sostener a
su familia, con hijos que ya cursaban el bachillerato
en la capital jaureguina, se dedicó a vender pasteles
y dulces que ella misma elaboraba pero sin olvidar su
magisterio. A pesar de sus responsabilidades familiares
y magisteriales, Doña Carmen buscó su perfeccionamiento
profesional; así en 1956, obtiene el título
de Maestra Graduada. En 1958 es nombrada entonces maestra
de la Escuela Nacional “Padre Maya” de La
Grita, percibiendo un sueldo de Bs. 785 mensuales, y
permaneció laborando hasta 1964 cuando la jubilan
después de cumplir 31 años ininterrumpidos
de docencia en planteles públicos. Posteriormente
se traslada a San Cristóbal con su familia y allí continúo
con su misión de enseñar, abriendo una
escuelita privada en su propio hogar y con su propio
nombre: Escuela “Doña Carmen Molina de Pernía”,
inscrita en el Ministerio de Educación. Y en esa
misión siguió por espacio de 30 años
más, para alcanzar la sumatoria de 60 años
dando clases, enseñando a leer y escribir a miles
de tachirenses. ¡Una verdadera heroína nacional!
Dona Carmen fue creyente practicante del método
fonético para enseñar a leer y escribir,
y su visión del aprendizaje se puede resumir con
sus propias palabras: <<el que va a aprender es
el niño, no es el maestro; así que el niño
tiene que prestar atención, fijar mucho la atención
en lo que va a hacer y cuando ya consigue uno que el
niño atienda, entonces diga usted: “eso
es palo dado, ese niño va a aprender…” Hay
que someter al niño a que aprenda, eso se consigue
por medio del cariño, con el amor, con buenas
palabras: pero a totazos, que se asuste el niño,
no; al niño no hay que asustarlo porque no aprende
nada>>. Y en su sagrada tarea de enseñante,
a Doña Carmen siempre la acompañó un
par de libros maravillosos como fueron el de Nacho y
el de Alejandro Fuenmayor, pero también le acompañó la
poesía, admiraba a los poetas sobre todo a los
de la corriente modernista; ella misma era poeta como
toda maestra, en el entendido que la poética es
el ser esencial de la pedagogía y mide la autenticidad
de todo maestro. Escribió poemas y los guardó o
los cargó en secreto, como los que le escribiera
a su esposo ya difunto, compañero de caminos y
tormentos, de metáfora y espíritu.
María del Carmen Molina falleció en San
Cristóbal el de Junio de 2001.
Fuente: Buitrago, Prudencia; Gámez, Lía;
Moreno Emilia; Quiroz Zaira; y Vera Maribel. 1990. Doña
Carmen: Ilustre educadora tachirense. Monografía.
Cátedra de Seminario de Historia de la Educación
en Venezuela, Coordinada por Prof. Temístocles
Salazar. Universidad de Los Andes. San Cristóbal,
Venezuela.