URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela, Abril – Junio 2004. Año 2 N° 2.
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA


Editorial
El Rostro del Museo
Temístocles Salazar
El significado de Samuel Robinson
Temístocles Salazar
Seremos Maestros
Antonio Betancor
La educación como proceso histórico social...
Yolanda Becerra Torres
La experiencia arquitectónica de los grupos escolares en
el Táchira 1935 -1958

Reinaldo J. Mendoza O.
Autoridades
Principal

EL ROSTRO DEL MUSEO CARMEN MOLINA DE PERNÍA

Esta insigne maestra nació el 23 de enero de 1913 en la aldea Paramito del Municipio Pregonero, Estado Táchira. Sus padres fueron Ramón Molina Sánchez y Elvira Pernía Carrero. A la edad de 5 años quedó huérfana de madre y su crianza fue asumida por su padrino Bartolomé Sánchez, crianza difícil y severa donde se le castigaba cuando “no rezaba el rosario”, según su propio testimonio oral; tiempos aquellos en que la lucha guerrillera contra la dictadura del General Juan Vicente Gómez dominaba los espacios de Pregonero y sus zonas aledañas, y al frente de esa lucha la figura épica y ética del caudillo liberal Juan Pablo Peñaloza.

Carmen Molina comenzó sus estudios de primaria a la edad de 8 años en la Escuela Padre Justo, de Pregonero, y tuvo de maestra a la gran educadora Isabel Torres, quien había escrito un libro en Europa titulado El lápiz del viajero. En 1927, contando apenas 14 años, Carmen Molina guiada por su tío José Dolores Pernía, comienza su brillante magisterio. A la edad de 20 años (15 de Enero de 1933) recibe su primer nombramiento como preceptora de la Escuela N° 109 de la aldea Laguna de García, Municipio Pregonero, con un sueldo de Bs. 150. Allí permaneció por espacio de 13 años laborando. Aún cuando estaba residenciada en Pregonero, al contraer matrimonio con Antonio Nicolás Pernía con quien forjó una familia ejemplar de diez hijos, Doña Carmen se trasladaba en mula a Laguna de García, donde laboraba, venciendo obstáculos en medio de desfiladeros y espesas neblinas parameras, pero cumplía su deber, ejemplo para las nuevas generaciones de maestros. En 1946 es nombrada preceptora de la Escuela 3.207 en la aldea Las Mesas, en Pregonero, con un sueldo mensual de Bs.275, allí laboró por espacio de 6 años. En 1952, es trasladada a la Escuela Federal Unitaria 3.210, ubicada en la Aldea Llano Largo del Municipio La Grita, con un sueldo de Bs.385. Luego es trasladada en 1954, a la Escuela Federal Unitaria 872, en la aldea Guanare de dicho Municipio, donde cobraba 426 bolívares mensuales, y como no eran suficientes para sostener a su familia, con hijos que ya cursaban el bachillerato en la capital jaureguina, se dedicó a vender pasteles y dulces que ella misma elaboraba pero sin olvidar su magisterio. A pesar de sus responsabilidades familiares y magisteriales, Doña Carmen buscó su perfeccionamiento profesional; así en 1956, obtiene el título de Maestra Graduada. En 1958 es nombrada entonces maestra de la Escuela Nacional “Padre Maya” de La Grita, percibiendo un sueldo de Bs. 785 mensuales, y permaneció laborando hasta 1964 cuando la jubilan después de cumplir 31 años ininterrumpidos de docencia en planteles públicos. Posteriormente se traslada a San Cristóbal con su familia y allí continúo con su misión de enseñar, abriendo una escuelita privada en su propio hogar y con su propio nombre: Escuela “Doña Carmen Molina de Pernía”, inscrita en el Ministerio de Educación. Y en esa misión siguió por espacio de 30 años más, para alcanzar la sumatoria de 60 años dando clases, enseñando a leer y escribir a miles de tachirenses. ¡Una verdadera heroína nacional!

Dona Carmen fue creyente practicante del método fonético para enseñar a leer y escribir, y su visión del aprendizaje se puede resumir con sus propias palabras: <<el que va a aprender es el niño, no es el maestro; así que el niño tiene que prestar atención, fijar mucho la atención en lo que va a hacer y cuando ya consigue uno que el niño atienda, entonces diga usted: “eso es palo dado, ese niño va a aprender…” Hay que someter al niño a que aprenda, eso se consigue por medio del cariño, con el amor, con buenas palabras: pero a totazos, que se asuste el niño, no; al niño no hay que asustarlo porque no aprende nada>>. Y en su sagrada tarea de enseñante, a Doña Carmen siempre la acompañó un par de libros maravillosos como fueron el de Nacho y el de Alejandro Fuenmayor, pero también le acompañó la poesía, admiraba a los poetas sobre todo a los de la corriente modernista; ella misma era poeta como toda maestra, en el entendido que la poética es el ser esencial de la pedagogía y mide la autenticidad de todo maestro. Escribió poemas y los guardó o los cargó en secreto, como los que le escribiera a su esposo ya difunto, compañero de caminos y tormentos, de metáfora y espíritu.

María del Carmen Molina falleció en San Cristóbal el de Junio de 2001.

Fuente: Buitrago, Prudencia; Gámez, Lía; Moreno Emilia; Quiroz Zaira; y Vera Maribel. 1990. Doña Carmen: Ilustre educadora tachirense. Monografía. Cátedra de Seminario de Historia de la Educación en Venezuela, Coordinada por Prof. Temístocles Salazar. Universidad de Los Andes. San Cristóbal, Venezuela.



 

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