URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela, Abril – Junio 2004. Año 2 N° 2.
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA


Editorial
El Rostro del Museo
Temístocles Salazar
El significado de Samuel Robinson
Temístocles Salazar
Seremos Maestros
Antonio Betancor
La educación como proceso histórico social...
Yolanda Becerra Torres
La experiencia arquitectónica de los grupos escolares en
el Táchira 1935 -1958

Reinaldo J. Mendoza O.
Autoridades
Principal

EL SIGNIFICADO DE SAMUEL ROBINSON
(¿Por qué Simón Rodríguez escogió por nombre a Samuel Robinson?)
Temístocles Salazar

Mucho se ha hablado y escrito del nombre Samuel Robinson, particularmente durante el año 2003, con la implementación y desarrollo del Plan de Alfabetización llevado a cabo por el Gobierno del Presidente Chávez. El significado que se le ha dado a dicho nombre no es otro que el de seudónimo del maestro Simón Rodríguez, como lo pregonan algunas publicaciones gubernamentales. La mayoría de sus biógrafos incluyendo a Rumazo González, Uslar Pietri, Picón Salas, el nombre de Samuel Robinson es una huída o cuando más la expresión de un connotado cosmopolitismo en Rodríguez (1). Pero vale la pena adentrarnos en el desciframiento de Samuel Robinson para asimilar las lecciones pedagógicas que de ello se derivan y para encontrarnos con revelaciones sorprendentes sobre la personalidad de una de las mayores figuras de la historia de la educación venezolana. Rodríguez nunca manejó palabras al azar ni que se prestasen a confusión, como lo dijo de manera concluyente en carta enviada a Bolívar el 30 de Septiembre de 1827: “La suma escrupulosidad con que examino el valor de los términos, no me permite confundirlos...” (2). Samuel Robinson pues, fueron términos bien examinados y escogidos por Rodríguez y así tenemos que reconocerlo entonces; más aún, Samuel Robinson no es una nueva personalidad de Simón Rodríguez para esconderse en ella, sino la continuación de su propio yo: “siempre invariable como mis principios”, decía. “La fortuna influye en la suerte de los hombres; pero no en su carácter: y los que dicen que estados mudan costumbres, por decir que los hombres varían, no advierten el error de su sentencia. No varía el hombre con el estado. El que afirma lo contrario, prueba que no lo observó bien en el estado anterior” (3). Samuel Robinson pues, no reflejaba una suerte sino un carácter. Samuel Robinson es una analogía certera y profética, es una analogía que delata la fuerza mística de Rodríguez, donde identifica su destino y asimila su profecía política y pedagógica. Samuel Robinson es una metáfora profunda y sabia y a través de ella Rodríguez se descifra a sí mismo, se psicoanaliza de manera incomparable. Samuel Robinson es una epifanía de la imagen contenida en la hondura de su alma y hasta de su inconsciente. Samuel Robinson es un símbolo muy bien construido por Simón Rodríguez no para esconder su nombre y trayectoria repito, sino para reencontrarla y afirmarla por espacio de veinte años y más. Rodríguez no escogió un solo término o nombre para definirse, como lo hizo Vladimir Illich Ulianof (Lenín), o Francisco María Arouet (Voltaire a solas) o Emil Chartier (Alain a solas), sino dos términos: Samuel y Robinson que no son términos paralelos o yuxtapuestos o isomórficos sino complementa-rios. Rodríguez tomó la decisión de llamarse Samuel Robinson en la isla de Jamaica al llegar huyendo de las persecuciones españolas contra los involucrados en la conspiración debelada de Gual y España de 1797, entre los cuales estaban unos prisioneros políticos españoles confinados en La Guaira como Picornell, Campomanes, Lax y Sebastián Andrés, pedagogos por cierto, y por supuesto, el propio Rodríguez quien afirmó que él presidió “una junta secreta de conspiradores” (4). En el juego de las posibilidades históricas, quizás Rodríguez utilizó en aquellos momentos críticos que se vivió en Caracas, el nombre clandestino de Samuel Robinson. Lo cierto es que al llegar a Jamaica, Rodríguez relanza su nombre oculto, Samuel Robinson, y lo va a mantener al pernoctar allí y luego en Estados Unidos de Norteamérica durante tres años y hasta pudo creerse que su nombre era de “Charleston o de Baltimore” como señalaba Uslar Pietri (5), que son lugares donde abunda el apellido Robinson, y siguió con el nombre de Samuel Robinson al fijar residencia en Europa durante casi veinte años.

Rodríguez se decidió por Samuel por admiración a la historia del pueblo judío, y en demostración de sus sentimientos religiosos e incluso místicos lo cual contradice la especie de que Simón Rodríguez era un irreverente en esa materia o cuando más un ateo, que le enrostraron en su vida. Samuel fue su gran nombre, con un valor incluso por encima de su apellido Robinson. La escogencia de ese primer nombre se debió a que Rodríguez fue un admirador del profeta bíblico Samuel, esto lo llevó a asumir el papel de profeta republicano en aquellos tiempos en que Venezuela buscaba su independencia y su identidad, como lo hizo la nación israelita en los tiempos samuelianos. Recordemos que el bíblico Samuel fue el profeta que luchó contra la anarquía del gobierno de los Jueces en Israel y preparó la transición hacia una nueva era que culminó con el establecimiento y consolidación de su unidad nacional bajo la égida de su gobierno centralizado y monárquico. Samuel guió los destinos de su pueblo judío en su lucha por liberarse de la dominación de los Filisteos.

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