EL SIGNIFICADO DE SAMUEL ROBINSON
(¿Por qué Simón
Rodríguez
escogió por nombre a Samuel Robinson?)
Temístocles
Salazar
Mucho se ha hablado y escrito del nombre Samuel
Robinson, particularmente durante el año 2003,
con la implementación y desarrollo del Plan
de Alfabetización llevado a cabo por el Gobierno
del Presidente Chávez. El significado que
se le ha dado a dicho nombre no es otro que el de
seudónimo del maestro Simón Rodríguez,
como lo pregonan algunas publicaciones gubernamentales.
La mayoría de sus biógrafos incluyendo
a Rumazo González, Uslar Pietri, Picón
Salas, el nombre de Samuel Robinson es una huída
o cuando más la expresión de un connotado
cosmopolitismo en Rodríguez (1). Pero vale
la pena adentrarnos en el desciframiento de Samuel
Robinson para asimilar las lecciones pedagógicas
que de ello se derivan y para encontrarnos con revelaciones
sorprendentes sobre la personalidad de una de las
mayores figuras de la historia de la educación
venezolana. Rodríguez nunca manejó palabras
al azar ni que se prestasen a confusión, como
lo dijo de manera concluyente en carta enviada a
Bolívar el 30 de Septiembre de 1827: “La
suma escrupulosidad con que examino el valor de los
términos, no me permite confundirlos...” (2).
Samuel Robinson pues, fueron términos bien
examinados y escogidos por Rodríguez y así tenemos
que reconocerlo entonces; más aún,
Samuel Robinson no es una nueva personalidad de Simón
Rodríguez para esconderse en ella, sino la
continuación de su propio yo: “siempre
invariable como mis principios”, decía. “La
fortuna influye en la suerte de los hombres; pero
no en su carácter: y los que dicen que estados
mudan costumbres, por decir que los hombres varían,
no advierten el error de su sentencia. No varía
el hombre con el estado. El que afirma lo contrario,
prueba que no lo observó bien en el estado
anterior” (3). Samuel Robinson pues, no reflejaba
una suerte sino un carácter. Samuel Robinson
es una analogía certera y profética,
es una analogía que delata la fuerza mística
de Rodríguez, donde identifica su destino
y asimila su profecía política y pedagógica.
Samuel Robinson es una metáfora profunda y
sabia y a través de ella Rodríguez
se descifra a sí mismo, se psicoanaliza de
manera incomparable. Samuel Robinson es una epifanía
de la imagen contenida en la hondura de su alma y
hasta de su inconsciente. Samuel Robinson es un símbolo
muy bien construido por Simón Rodríguez
no para esconder su nombre y trayectoria repito,
sino para reencontrarla y afirmarla por espacio de
veinte años y más. Rodríguez
no escogió un solo término o nombre
para definirse, como lo hizo Vladimir Illich Ulianof
(Lenín), o Francisco María Arouet (Voltaire
a solas) o Emil Chartier (Alain a solas), sino dos
términos: Samuel y Robinson que no son términos
paralelos o yuxtapuestos o isomórficos sino
complementa-rios. Rodríguez tomó la
decisión de llamarse Samuel Robinson en la
isla de Jamaica al llegar huyendo de las persecuciones
españolas contra los involucrados en la conspiración
debelada de Gual y España de 1797, entre los
cuales estaban unos prisioneros políticos
españoles confinados en La Guaira como Picornell,
Campomanes, Lax y Sebastián Andrés,
pedagogos por cierto, y por supuesto, el propio Rodríguez
quien afirmó que él presidió “una
junta secreta de conspiradores” (4). En el
juego de las posibilidades históricas, quizás
Rodríguez utilizó en aquellos momentos
críticos que se vivió en Caracas, el
nombre clandestino de Samuel Robinson. Lo cierto
es que al llegar a Jamaica, Rodríguez relanza
su nombre oculto, Samuel Robinson, y lo va a mantener
al pernoctar allí y luego en Estados Unidos
de Norteamérica durante tres años y
hasta pudo creerse que su nombre era de “Charleston
o de Baltimore” como señalaba Uslar
Pietri (5), que son lugares donde abunda el apellido
Robinson, y siguió con el nombre de Samuel
Robinson al fijar residencia en Europa durante casi
veinte años.
Rodríguez se decidió por Samuel por
admiración a la historia del pueblo judío,
y en demostración de sus sentimientos religiosos
e incluso místicos lo cual contradice la especie
de que Simón Rodríguez era un irreverente
en esa materia o cuando más un ateo, que le
enrostraron en su vida. Samuel fue su gran nombre,
con un valor incluso por encima de su apellido Robinson.
La escogencia de ese primer nombre se debió a
que Rodríguez fue un admirador del profeta
bíblico Samuel, esto lo llevó a asumir
el papel de profeta republicano en aquellos tiempos
en que Venezuela buscaba su independencia y su identidad,
como lo hizo la nación israelita en los tiempos
samuelianos. Recordemos que el bíblico Samuel
fue el profeta que luchó contra la anarquía
del gobierno de los Jueces en Israel y preparó la
transición hacia una nueva era que culminó con
el establecimiento y consolidación de su unidad
nacional bajo la égida de su gobierno centralizado
y monárquico. Samuel guió los destinos
de su pueblo judío en su lucha por liberarse
de la dominación de los Filisteos.