URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela, Abril – Junio 2004. Año 2 N° 2.
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA


Editorial
El Rostro del Museo
Temístocles Salazar
El significado de Samuel Robinson
Temístocles Salazar
Seremos Maestros
Antonio Betancor
La educación como proceso histórico social...
Yolanda Becerra Torres
La experiencia arquitectónica de los grupos escolares en
el Táchira 1935 -1958

Reinaldo J. Mendoza O.
Autoridades
Principal

SEREMOS MAESTROS

Palabras pronunciadas por el Prof. Antonio Betancor el 21 de Mayo de 2004 en el Museo Pedagógico “Temistocles Salazar” de la ULA - TÁCHIRA

Hace 74 años con motivo del Centenario de la muerte del Libertador, los estudiantes de la Universidad de Los Andes, recolectaron locha a locha y centavo a centavo el dinero necesario para erigir una columna de mármol que remataron, no con una estatua o un busto del Padre de la Patria, sino con un libro abierto a los cóndores y águilas de nuestras montañas nevadas y a la pasión libertaria de los hombres de América.

Y hace 30 años, un grupo de profesores y alumnos luchando contra la adversidad, sin más armas que la pluma y la conciencia escribieron en ese libro de la historia la odisea de transformar una Escuela de Educación moribunda, (sin capacidad de decisión y acosada por intereses bastardos para ayudarla a bien morir) en este Núcleo maravilloso que no solo es el símbolo de la Educación permanente sino la forja estimulante que muchas veces, desde la soledad y el silencio levanta almas aguerridas en la lucha por la redención de la Patria. Yo fui uno de aquellos estudiantes que estuvo en aquél tránsito de la oscuridad a la luz, de la némesis de la sumisión a la anámnesis de la libertad.

Por eso querida U.L.A. nunca olvidaré que tu me enseñaste siendo un humilde obrero a creer en lo sublime, que me enseñaste a enfrentar las dificultades a través del conocimiento, que me enseñaste a arrancar del corazón la desesperanza ante las frustraciones de la vida, que marcaste mi conciencia con el dolor de un pueblo que no se resigna a vegetar sino que quiere ser grande y libre, y que yo como maestro puedo ser el instrumento de su libertad.

Esa fue la razón por la que no desesperé cuando en mi primer trabajo como Orientador en un viejo galpón de San Rafael del Piñal, mi oficina fue un rincón sin más mobiliario que una mesa a la que le faltaba una pata, dos gaveras de cerveza que encaramadas, una encima de otra, me servían de asiento y una caja de cartón como archivo para guardar los expedientes que elaboraba sobre los niños del pueblo, que iban parejos con el hambre orgánica que los minaba con múltiples dolencias y el hambre del saber que elevaba sus espíritus para sepultar la incultura que los clavaba como estacas al mojón familiar o como yunteros al surco del latifundio.

Nada me arredró y junto a la comunidad educativa y local en pie de lucha, logramos vencer a aquellos demonios trágicos, transmutando a aquél antro de Plutón donde todo faltaba (desde la tiza, los libros, el pizarrón y hasta los sanitarios) pues solo habían dos para 200 alumnos y 15 profesores, en ese Edificio moderno que es el Liceo Francisco Tamayo, gracias a un hombre bueno y generoso, Don Renato Laporta amo de aquellas tierras, pero con visión de futuro, que puso todo su empeño para arrancarle al Estado la consecución de esa obra. Por nuestra parte conseguimos que nos incluyeran en un programa de meriendas escolares para zonas fronterizas e indígenas que consistía en dar a cada alumno real y medio para que compraran un vaso de leche y un pastel, pero que nosotros transformamos en un almuerzo para cien alumnos, teniendo como local un tarantín que ellos mismos construyeron al aire libre, y así matar el hambre crónica que los doblaba de vértigos sobre los pupitres. Pero lo más hermoso era el espíritu solidario de aquellos adolescentes con la comunidad, como por ejemplo, los sábados cerca de la época de lluvias, limpiaban las quebradas para evitar inundaciones en la ciudad o hacían labores de mantenimiento en plazas y centros de recreación o como después que recibí un entrenamiento por el médico del dispensario hacían medicina preventiva en las aldeas aledañas donde jamás llegaba la acción gubernamental… Y es que para salir de las sombras de las cavernas polifémicas como diría mi padrino Temístocles Salazar, es necesario humanizar al hombre e involucrarlo en la lucha social.

Siguiente
 

© 2004 Servicios Bibliotecarios de la Universidad de Los Andes Táchira