EDITORIAL
NO PERDER LA LUZ
“Tener amor no es perder la luz”, dijo una vez
Víctor Hugo. Esa frase la hemos abrazado con fuerza
en este empeño editorial de URI-CANIA. Tenemos amor
por nuestro Museo Pedagógico y sus rostros-profetas.
Tenemos amor por nuestra Biblioteca ULA – Táchira
y sus rostros-poetas. Tenemos amor por nuestra Revista y sus
rostros – Quirón. Eso nos da derecho a no perder
la luz, vale decir, a no rendirnos. Este número enseña
que nuestro empeño no es río que se devuelve.
Hemos dedicado esfuerzos y reflexiones para fortalecer la
presencia curricular de la Historia de la Educación
en la formación de los profesionales de la docencia
de la Universidad de Los Andes – Táchira. Una
Pedagogía, en cuanto ciencia del hombre, no puede prescindir
de su historia, condición para descubrir su propia realidad.
Los menospreciadores de la Historia de la Educación
tienen complejo de Caronte : no se les ve la dicha entre su
nave.
Pero también nos mantenemos firmes en la defensa del
maestro, de su perfil docente. El maestro, o el profesor, para
enervar su misión, no es ni debe ser un facilitador
o golillero. Docere es docere. El maestro es maestro. El empeño
de los neopragmatistas de imponer la figura del facilitador
en desmedro de la figura del maestro o del profesor, en las
reformas curriculares que anuncian, tendrá que morir,
sin escándalo, en el río del docere, purgando
así su complejo de Ofelia. Por eso, en este número
resaltamos las figuras históricas de dos maestras Tachirenses
y universales de verdad: Carmen de Pacheco y María Abigail
Parra. Con ellas no perdemos la luz y con la Historia de la
Educación tampoco.
Agradecemos al Fondo Editorial NUEVO TIEMPO de la Lotería del Táchira,
su generosa contribución para la edición del presente número
de nuestra Revista.