URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela,
Enero - Junio 2005. Año 3 N° 3
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA

Editorial
El Rostro del Museo
Maria del Carmen Moreno de Pacheco

Temístocles Salazar
La Educacion Superior Colonial en Venezuela
José Pascual Mora-García
Que dice el Simbolo de la ULA
Temístocles Salazar

La Teoria Pedagogica y su importancia
Prof. Gladys Yolanda Becerra

Ingenuidad
Maria Abigail Parra

“Arqueología de la Memoria Escrita.”
Yariesa Lugo Marmigno

Colaboradores
Autoridades
Principal

 

INGENUIDAD (*)

MARÍA ABIGAIL PARRA
Maestra Jubilada

La educación es la parte principal en la vida espiritual del hombre. El ser humano tiene como norte el saber que es utilizado para la formación de su bondad, de su palabra, de su felicidad. Los maestros, los verdaderos maestros, tienen como brújula el amor por el niño que es el amor por todos; llevan dentro de sí el propósito y responsabilidad de enseñar a sus educandos la formación moral que es el principio donde el ser humano encuentra fuerza para ser feliz.

¡Que bello! Es sentirse maestro jubilado, sentir la admiración de sus ex-alumnos, compañeros, representantes y personal directivo y obrero del plantel, sagrado templo, donde prestamos servicios.
¡ Que bello! Es recibir un saludo, un abrazo de gratitud o un homenaje bien merecido.

Yo, como educadora jubilada, me siento bien por el trabajo que realicé durante treinta y cuatro años, llenos de alegrías, de tristezas también, pero siempre con la consigna de seguir cumpliendo con el deber de enseñar, ante mi Dios, mi Patria, mis superiores y mi familia.

Por medio de este corto escrito, pido por favor, a los educadores, trabajar, por amor, a la formación de esos seres que están a su alcance, sobre todo los más necesitados, los más pobres; luchar por el buen funcionamiento de los planteles, que sientan que esas edificaciones necesitan de la mano dócil y fuerte para su conservación en cada aula, en cada área, cualquiera que sea, pues, cuando la mano amorosa se posa sobre la cabeza de un niño, se hace sentir que el amor corre por las venas para desparramarse y crecer en la capacidad para ser feliz, y es allí donde se compacta la responsabilidad en todo lo que nos rodea.

Visitar un plantel bien conservado, da alegría y se ve que tanto el maestro como la comunidad han luchado para darle vida al templo del saber y la bondad. Pero qué triste es ver un plantel en mal estado, es ver que el amor al niño se ha ido. El recuerdo llega a mi mente, haciéndome sentir con la conciencia tranquila, ya que el día que entregué mi escuela, en la cual veintitrés años fueron de tener un plantel tal o mejor de cómo lo recibí, lo hice con la dicha del educador que tiene respeto y misericordia hacia la conciencia del niño. La disciplina y el amor fueron mi estandarte.

Para todos mi gratitud, mi respeto, mi afecto y mi gran amor. Dios los bendiga y la felicidad reine por siempre en vuestros corazones. Lo ingenuo de mi parte no es falsa modestia, sino la representación de nuestra infancia perdida que vuelve como la perfección del ideal del ser humano que ha encontrado en la educación su capacidad de ser feliz. Gracias.


(*)Nota editorial:

Estas notas son escritas por la Maestra María Abigail Parra. Ingenuidad no puede confundirse con la franca simplicidad que no disimula por no comprender lo que es el arte de vivir. Ingenuidad es originaria sinceridad natural. María Abigail no finge cuando expone su corazón a la emoción de decir lo que siente y piensa sobre la educación.
Nuestra Revista quiere recoger esa emoción, como la de todos los maestros jubilados, rostros–profetas, que tienen mucho que enseñarnos todavía con su palabra y ejemplo.

 

 

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