URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela,
Enero - Junio 2005. Año 3 N° 3
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA

Editorial
El Rostro del Museo
Maria del Carmen Moreno de Pacheco

Temístocles Salazar
La Educacion Superior Colonial en Venezuela
José Pascual Mora-García
Que dice el Simbolo de la ULA
Temístocles Salazar

La Teoria Pedagogica y su importancia
Prof. Gladys Yolanda Becerra

Ingenuidad
Maria Abigail Parra

“Arqueología de la Memoria Escrita.”
Yariesa Lugo Marmigno

Colaboradores
Autoridades
Principal

 

La Educación Superior Colonial en Venezuela:
Seminarios mayores y universidades
(Aproximación historiográfica y bibliométrica)

Prof. José Pascual Mora-García
GRUPO DE INVESTIGACIÓN HEDURE

Resumen:
La Historia de la Universidad forma parte de la Historia Social de la Educación, incluso en el período colonial los Colegios-Seminarios tridentinos se erigieron como el antecedente más importante. En la América colonial española se fundaron más de 33 universidades que otorgaban grados académicos, eclesiásticos y civiles. En la Audiencia de Caracas: el Colegio San Francisco Javier de Mérida, 1628 (lo incluimos a pasar de que correspondía a la Audiencia de Santa Fe), el Seminario Colegio de Santa Rosa de Santa María de Lima de Santiago de León de Caracas (1696), la Real y Pontificia Universidad de Caracas (1721), el Colegio de Caracas (1752), la Academia Militar de Matemáticas y Geometría (1760) fundado por el Coronel de Ingenieros don Nicolás de Castro, la Academia de Matemáticas (1781) dirigida por el capitán de Artillería don Manuel Centurión y el Colegio-Seminario de San Buenaventura de los Caballeros de Mérida (1785) génesis regia de la Universidad de los Andes

Palabras claves: Historia de la Universidad, Bibliometría, Historia de la Educación.


ANTECEDENTES TEÓRICOS.

I. PRESENCIA NACIONAL DE LA LINEA DE INVESTIGACIÓN
HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD COLONIAL.

Hay que señalar que en los últimos años hay un repunte de la disciplina, y un resurgimiento de esta línea de investigación, veamos:
a. En la Universidad Central de Venezuela.

Podríamos decir que aquí se inició la línea de investigación:
Historia de la Universidad, con el trabajo de J. Méndez y Mendoza (1909) Historia de la Universidad Central de Venezuela (Dos Tomos). Le siguen en el tiempo los trabajos de: Parra-León, C. (1930) Documentos del Archivo Universitario de Caracas, 1725-1810; Rodríguez-Rivero, P. D. (1931) Historia Médica de Venezuela; R. Domínguez (1932) Galería Universitaria-Juristas; Parra-León, C. (1933) Filosofía Universitaria Venezolana, 1788-1821. En esta misma dirección incluimos los trabajos de García Bacca, J. D. (1954) Antología del pensamiento filosófico venezolano; y Lemmo, Angélica (1961) La educación en Venezuela en 1870.

Ampliamente conocida es la encomiable labor del Dr. Ildefonso Leal quien nos confesaba en Mérida (2004), 2das Lecciones de Historia Universitaria acerca de las Primeras Universidades de Venezuela, que gracias al olfato académico de Don Mariano Picón-Salas fue enviado a Sevilla (1958) para que estudiara en el Archivo General de Indias todo lo concerniente a la Historia de la Universidad Central de Venezuela.

El resultado lo consagra como el investigador de la Historia de la Universidad venezolana con mayor trayectoria. Entresacamos las siguientes obras:

1. Leal, I. (1963) Historia de la Universidad de Caracas, 1721-1827.

2. -------- (1965) Cedulario de la Universidad de Caracas

3. -------- (l968) Documentos para la Historia de la Educación en Venezuela. Época colonial.

4. ------- (1979) Historia de la UCV, 1721-1981.

5. -------- (1979) Libros y bibliotecas de Venezuela, época colonial, 1633-1767.

6. -------- (2002) El primer periódico de Venezuela y el panorama de la cultura en el siglo XVIII.

Con esta trayectoria bien pudiera ser designado como el patriarca de los estudios sistemáticos acerca de la Historia de la Universidad venezolana.

También meritoria ha sido la labor investigativa de la Historia de la Educación, de los profesores de la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela, entre otros: Gustavo Adolfo Ruiz, Jesús Andrés Laceras, Luis Antonio Bigott, Aureliano Cánchica, Leonardo Carvajal, Orlando Albornoz, Luis Bravo Jáuregui, José Miguel Cortazar, Guillermo Luque, Nacarid Rodríguez, Magaldy Téllez (1996) y Marina Smeja (1996).

Con respecto al balance historiográfico sobre la Historia del Seminario Santa Rosa de Lima de Caracas destacamos:

1. Navarro, Mons. Nicolás. Introducción al primer Libro de Anales del Seminario Metropolitano de Caracas.

2. Suriá, J. A propósito del Seminario.

3. Aguirre Elorriaga, M. El Seminario Ínter diocesano de Caracas.

4. González Oropeza, H. El Seminario Santa Rosa de Lima entre los años 1856 a 1915


5. Vicke, Ramón (1991) El Seminario Santa Rosa de Lima de Caracas
Según Monseñor Navarro el mandato de erigir un Seminario en Venezuela fue por Real Cédula del 22 de junio de 1592. La fecha de inauguración del Colegio-Seminario fue el 29 de mayo de 1696 por el Obispo Diego de Baños y Sotomayor. Según Ildefonso Leal se debe al Obispo Diego de Baños y Sotomayor el intento por el Colegio-Seminario a Universidad. La primera historia de los Seminarios fue escrita por Felipe Larrazabal (1856) Historia de los Seminarios Clericales. Obra escrita a instancias de Monseñor Guevara a fin de presentar la importancia del Seminario una vez que el Poder Ejecutivo había puesto el ejecútese a la Ley que separaba el Seminario Tridentino de la Universidad.

b. En la Universidad de Los Andes.

En un principio, destacamos los trabajos pioneros de la historia de la Universidad de Los Andes, a saber:

1. Jáuregui Moreno, J. M. (1887). Apuntes estadísticos del Estado Mérida.

2. Febres Cordero Tulio (1886) Periódico El lápiz.

3. Juan Nepomuceno Pagés Monsant (1891) Resumen histórico de la Universidad de Los Andes.

4. Silva, Mons. Antonio Ramón (1908) Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida.

5. García Chuecos, H. (1938) Estudio de historia colonial venezolana.

6. -------- (1963) El Real Colegio Seminario de San Buenaventura de Mérida.

7. Chalbaud Cardona, E. (1966) Historia de la Universidad de Los Andes. Tomo I

8. Tablante Garrido, P. y Roberto Picón Lares (1968) Universidad de Los Andes en Mérida.
9. Castillo Lara, L. (1985) Mérida: la aventura de San Buenaventura y la columna.

10. Pernía, H. A. (1990) Resumen histórico de la Universidad de Los Andes.

11. Porras C. Baltasar (1992) El ciclo vital de Fray Juan Ramos De Lora.

El paso más importante en la sistematización de la línea de investigación: Historia de la Universidad de Los Andes lo encontramos el 29 de marzo de 1963, cuando el Rector Pedro Rincón Gutiérrez decreta la edición de la Historia de la Universidad de Los Andes, y designa al investigador Eloi Chalbaud Cardona como responsable. El responsable fue una colección intitulada: Historia de la Universidad de Los Andes, en XII tomos.

El segundo paso, lo constituye el decreto de creación del Archivo Histórico de la Universidad de Los Andes de fecha 24 de febrero de 1999. Siendo Rector Felipe Pachano Rivera y Secretario Léster Rodríguez Herrera.

El tercer elemento que enriquece las fuentes de la línea de investigación: Historia de la Universidad de Los Andes, lo encontramos en el Archivo Arquidiocesano de Mérida. El AAM fue organizado en la década del sesenta del siglo pasado (s. XX) por el Pbro. Luis E. Cardoma Meyer, actualmente es coordinado por la Lic (a) Ana Hilda Duque.

El cuarto paso lo constituye la creación de la Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los Andes. En especial a la realización de las Lecciones de Historia Universitaria, realizadas en el siguiente orden: Las primeras Lecciones el 9 de julio de 2004 con el Título: Origen y desarrollo de las Universidades en Europa y América. Las Segundas Lecciones realizadas el 3 de diciembre de 2004 con el Título: Las primeras Universidades de Venezuela. En esta oportunidad participaron como ponentes: Ildefonso Leal (UCV), Alí López (ULA), Imelda Rincón (LUZ), e Iván Hurtado León (UC).
Los Seminarios Nacionales de Historia de la Educación también representan un verdadero reservorio para el estudio de la Universidad, pues hay una mesa permanente para su estudio, recordemos que han realizado tres seminarios nacionales, teniendo a Barquisimeto por sede:

a. I Seminario Nacional en Historia de la Educación y la
Pedagogía, entre el 5 y el 7 de octubre de 2000.

b. En octubre de 2002, se organizó el II Seminario Nacional de Historia de la Educación y la Pedagogía.

c. Entre el 18 de 10 de noviembre 2004, nos reunimos de nuevo en Barquisimeto para celebrar el III Seminario Nacional de Historia de la Educación y la Pedagogía.

Sin embargo, dos tesis se disputan el origen histórico de la Universidad de Los Andes; una la que sostiene que Las Constituciones de 1785, de Fray Ramos de Lora, representan la génesis de la Universidad de Los Andes; y otra, la que ubica en 1810 la fecha genitora. A nuestro parecer, el problema de fondo se debe a una disputa más de tinte ideológico que histórico. Disputa que ubica su centro de gravedad en la siguiente tesis: si acreditáramos la fecha de 1785 estaríamos en presencia de una Universidad de corte colonial en maridaje con las ideas conservadoras del paradigma aristotélico-tomista; y si tomamos como referencia el 21 de septiembre de 1810, estaríamos en presencia de una Universidad de corte republicano, alineada en una visión más progresista, patriótica, e influenciada por el paradigma emergente inductivo-experimental. Incluso llevaría la impronta de ser la primera Universidad Republicana de América Latina. Pero la historia no se escribe en subjuntivo. Pasaron muchos años entre ésta declaración y Universidad Republicana formulada por Bolívar en 1827. Por tanto, debemos remitirnos al documento-monumento. Tampoco es cierto que el antiguo Colegio-Seminario fuera del todo retrógrado ni que la emergente declaración de 1810 convirtiera de un solo golpe en progresista a la Universidad. Tomás Kuhn (1971), en su Estructuras de las Revoluciones Científicas, dejó saldada esta discusión al manifestar que la crisis de paradigmas no se establece con cortes definitivos sino descontinuos. Por otra parte, si tomamos en cuenta el criterio que se sigue en otros espacios académicos en relación a la línea de investigación: Historia de la Universidad (Cfr. Soto Arango, D (1998) (Edit) Historia de la Universidad Colombiana), diremos que en forma indistinta se asume si fueron declarados en principio, como Universidades o como Colegios-Seminarios. Incluso se recuerda una conseja según la cual “a la universidad se ingresaba niño y se salía doctor.” En el caso del Colegio fundado el 29 de marzo de 1785 no cabe duda que es la fecha primigenia de la Universidad de Los Andes; pues cuando el primer Obispo de la Diócesis de Mérida de Maracaibo Fray Juan Ramos de Lora, elaboró las Constituciones se inspiró en las Partidas de Alfonso, el sabio; en particular en los que atañe a los estudios generales. Haciendo una secuencia de los datos históricos nos damos cuenta de que sí existía en la mente del prelado el transformar el Colegio en Seminario Tridentino, y de este a Universidad fue un problema de trámites burocráticos. En el mismo año 1785 agregó a las Constituciones tres complementos que lo transformaron en Seminario Tridentino. Y el 9 de mayo de 1786 comunicó al Rey que había resuelto destinar el Convento de Franciscanos para un Colegio, y el 14 de septiembre el Monarca aprobó el Seminario Conciliar en el Convento suprimido que fue de los Franciscanos. Luego, el Obispo oficio al Virrey de Santa Fe, el Arzobispo Don Antonio Caballero y Góngora, y al Capitán General de Venezuela, Don Juan Guillelmi, para ponerlos al tanto. El 20 de marzo de 1789, el Rey aprobó la Real Cédula que acreditaba la institución con el nombre de Real Seminario de San Buenaventura, afiliado a la Universidad de Caracas en lo relativo a grados; esta gracia además de la acreditación permitió generar un sentimiento colectivo de soberanía; pues para hacer estudios superiores los andinos tenían que trasladarse a Santa Fe de Bogotá fundamentalmente. El 18 de junio de 1806, se expide en Aranjuez la Real Cédula que concede al Seminario de San Buenaventura la facultad para estudios generales y grados. La solicitud se remonta al 1 de mayo de 1800, cuando el Dean, Don Francisco Xavier de Irastrosa (sic) hizo la solicitud para que se concediera el establecimiento de una Universidad en dicho Colegio-Seminario con facultad de conferir grados mayores y menores. De manera que Las Constituciones (1785) representan el camino inicial en la consolidación del “Seminario de San Buenaventura y de la Universidad de Los Andes, glorias bicentenarias de la ciudad y de la región”. (Porras Cardozo, B. (1992) El Ciclo Vital de Fray Juan Ramos de Lora., pp. 104-105).

II. BALANCE CRÍTICO DE LA HISTORIOGRAFÍA DE LA HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD COLONIAL VENEZOLANA.

El análisis historiográfico de las fuentes acerca de la Universidad, Colegios Mayores y Seminarios en la América colonial española se debe hacerse teniendo en cuenta no sólo el dato factual sino las diferentes tendencias metodológicas e ideológicas de la época. En este sentido resulta simplista hacer una lectura plana del documento sin considerar las implicaciones políticas, religiosas, económicas y mentales que dieron origen a las instituciones educativas. Por eso se requieren lecturas laterales e interdisciplinarias. En Venezuela se disputan dos tendencias historiográficas mayoritarias el origen de la educación superior: Universidades, Colegios mayores y Seminarios.

1. La visión izquierdizante.

Este enfoque busca anular el aporte histórico de las órdenes religiosas y la Iglesia en la consolidación de los espacios universitarios. Las instituciones universitarias más afamadas del mundo (Salamanca, París, Oxford) se glorían de su cuna eclesiástica. Contrariamente parece suceder en el contexto venezolano, en donde según sea la ideología dominante y el poder de turno se busca presentar la historia de la universidad haciendo abstracción de la herencia clerical. Igualmente se hacen lecturas sesgadas para presentar la historia de la universidad bajo el influjo de la Iglesia como un oscurantismo total. Apreciación que es a todas luces exagerada. El positivismo y la masonería han sido utilizados como arma ideológica , distorsionando el verdadero sentido filosófico de tales organizaciones.

El caso más patético que queremos ilustrar se refiere al origen de la Universidad de Los Andes. Algunos investigadores se empecinan en resaltar el origen de la Universidad de Los Andes, por decreto de la Junta Superior Gobernativa de Mérida del 21 de septiembre de 1810, y en nada reconocen los antecedentes desde el antiguo colegio Seminario fundado por Fray Ramos de Lora (1785). (Cfr. López Bohórquez, Alí. (2005) Crónicas de Historia Universitaria, en prensa) De manera que cada rector o grupo de poder planifica la fecha de celebración de la creación de la Universidad de Los Andes según la analogía histórica que le convenga. Así tenemos que en 1985 se celebró el bicentenario de creación de Universidad de Los Andes con ocasión de la celebración de los doscientos años de las Constituciones del Colegio redactadas por el obispo Fray Juan Ramos de Lora. Luego se celebró el año 1989, más tarde se proyecta el año 2006, y la más ansiada el año 2010.


2. La visión conservadora.

Reivindica únicamente el aporte de la iglesia en la afirmación de la educación superior en Venezuela. En algunos casos, se hace caso omiso de la historia de la universidad.

Incluso podría decirse que según la ideología dominante en los claustros universitarios se predicaba y se escribía con mayor vehemencia un determinado enfoque. Esto hizo posible la construcción de una Historia de la Universidad más ideologizante que científica. Conviene deslindar estos supuestos, en busca de superar los enfoques más ideológicos que científicos que llenan de pasiones a los investigadores de la historia. Reconocemos con K. P. Feyerabend y Thomas Kung que la ciencia también es política, pero nos pronunciamos por un deslinde necesario..

Hemos descuidado el verdadero sentido de la investigación histórica actual, cual es la historia crítica, con sentido historiográfico. También hemos descuidado el estudio de las micro-historias al interno de la Historia de la Universidad; a saber: la historia del docente, la historia del estudiante, la historia de la evaluación, la historia del diseño curricular, la historia de la arquitectura universitaria, la historia de las bibliotecas universitarias; a estos planteamientos debemos agregar que nos falta abordar la historia de la universidad como historia social.

Un ejemplo en esta dirección nos lo suministra Agueda Rodríguez Cruz de la Universidad de Salamanca-España, en el trabajo presentado en el I Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación y la Pedagogía, intitulado: La Universidad de Salamanca, hilo conductor y de relación en la historia de las Universidades Hispanoamericanas. (Cfr Memorias del I Congreso Iberoamericano de Historia de la Educación, 1992: 109) Allí expresa que no hemos indagado sobre la presencia salmantina en nuestras universidades, a través del lema Salamantica Docet. Tampoco hemos abordado un análisis comparativo sobre la legislación universitaria, que en un ochenta por ciento tiene herencia del viejo tronco salmantino, sino en los Colegios Mayores. Tampoco hemos iniciado una historia de los estudiantes en las universidades españolas, tanto de los que estudiaron en España y que luego vinieron a América, como desde los que se fueron de nuestros países. En tal sentido, la investigadora Agueda Rodríguez Cruz logra determinar que el eje Salamanca-Caracas es una de las líneas directas salmantinas de influjos copiosos; llegando a determinar que las universidades hispanoamericanas, entre ellas la venezolana es ejecutoria de la Universidad de Salamanca. El mismo fundador de la Universidad de Caracas, Don Juan José de Escalona y Calatayud recibió el grado de licenciado en Teología en Alcalá de Henares, el 1 de mayo de 1705. Y luego obtuvo una beca para estudiar en el Colegio Mayor de San Bartolomé de Salamanca, y figura matriculado en la Universidad de Salamanca el 24 de noviembre de 1705. Nombrado obispo de Caracas en 1716, llegó la Diócesis en 1719. Durante su obispado fue elevado el Seminario de Santa Rosa de Caracas, y redacto sus Constituciones apegadas a la legislación de la Universidad de Salamanca.

III COLEGIOS Y SEMINARIOS MAYORES

1. EL COLEGIO DE SAN FRANCISCO DE MERIDA. (1628)

Los jesuitas fundaron el Colegio de San Francisco Javier en Mérida (1628) y el Colegio de Caracas por Real Cédula de 20 de diciembre de 1752. En nuestra opinión el Colegio de San Francisco de Mérida puede ser considerado el primer Colegio-Mayor de Venezuela. Sobre todo si consideramos la valiosa biblioteca según el Testimonio de Inventario de los Bienes del Colegio de la Compañía de Jesús en la ciudad de Mérida, del 11 de julio de 1767. (Cfr. Leal, I. (1968) Documentos para la Historia de la Educación en Venezuela.) En el inventario se encuentran obras clasificadas por los siguientes renglones: Santos Padres, Teólogos, Filósofos, Moralistas, Legistas, Expositores, Históricos, Médicos, un Aula de Gramática y un sin número de cartillas.

La labor pedagógica apegada a la Ratio Studiorum pudo tener campo fértil en estas montañas andinas. De hecho el Obispo de Mérida de Maracaibo, don Juan Ramos de Lora solicita que se adjudiquen algunas de las propiedades que fueron de los jesuitas, entre ellas la biblioteca.

El destino del Colegio de los jesuitas de Mérida pudo tener un fin distinto del Colegio de los jesuitas de Caracas. En este segundo el fin fundamental fue la acumulación de capital y bienes: “de acuerdo a la organización institucional de la Compañía de Jesús de los colegios eran dirigidos por un rector quien dependía del padre Provincial. El Colegio de Caracas no alcanzó a tener plenamente desarrollada tal estructura pues fue sólo un colegio incoado, cuya autoridad era un Superior.” (Cfr. Torres Sánchez, J. (2001) Haciendas y Posesiones de la Compañía de Jesús en Venezuela. El Colegio de Caracas en el siglo XVIII) Jaime Torres deja en evidencia que la prioridad de los jesuitas en el Colegio de Caracas no fue precisamente la educativa, al respecto comenta: “no cabe duda de que al cabo de veintitrés años de gestión de la Compañía, el patrimonio que tenía en 1744, con dos haciendas de cacao y 16.000 árboles, se había incrementado sustancialmente a seis haciendas y 161 esclavos. De las siete propiedades, al menos de tres, se sabe con seguridad que fueron compradas por la Compañía de Jesús: San Ignacio del Tuy, San Francisco de Borja de Caucagua y San Francisco Javier de Tacarigua (…) desde que en 1750 se evaluara la riqueza de la fundación del Colegio de Caracas en 98.066 pesos, ésta había aumentado hasta 1767 a 132.369.” (p.16) Aunque no alcanzó la misma productividad que el Colegio de Mérida, a juzgar por los estudios comparativos constatados, se destaca que los resultados no fueron educativos sino económicos. Curiosamente, luego de la expulsión en 1767, las rentas de los jesuitas sirvieron para dar impulso al Colegio-Seminario de San Buenaventura de los Caballeros de Mérida.

También los conventos fueron base material y mental, entre ellos destacamos: el Convento fundado por los Dominicos, el Convento de San Vicente de Ferrer (1558); el Convento fundado por los Agustinos, el Convento San Juan Evangelista (1591); y el Convento de Las Clarisas (1650) que son la base para el Real y Pontificio Seminario de San Buenaventura de los Caballeros de Mérida (1785-1789), génesis de la Universidad de Los Andes.

2. LA CÁTEDRA DE MATEMÁTICA.

Los estudios de matemáticas fueron fundados en Caracas (1760), por el coronel de Ingenieros don Nicolás de Castro, en la denominada Academia Militar de Matemáticas y Geometría. Luego, en La Guaira (1761) se instaló la Academia de Matemáticas dirigida por el capitán de Artillería don Manuel Centurión. De esta manera el estudio de las ciencias centradas en la mecánica clásica fueron reemplazando el caduco sistema educativo centrado en el modelo aristotélico-tomista.

La presencia de un nuevo paradigma educativo no significa el desplazamiento radical del anterior; de hecho, podemos hablar de coexistencia de paradigmas: uno emergente y otro decadente. La Ilustración representa el paradigma emergente, en sus principios y acción está el germen de una nueva racionalidad que tiene por cimiento las leyes y las luces. Las luces representan el saber, el conocimiento y por ende la educación como centro de la vida social. En España y sus colonias, comenta Juan Manuel Santana, “en el momento en que Carlos III sube al trono, la educación en los dominios de la Corona no se consideraba como un servicio público. En la organización y distribución de las escuelas y colegios predomina la mayor anarquía. El Monarca y sus Ministros, acorde con su política educativa se proponen intervenir y lo hacen. Pero no se pretendía ni interesaba, apartar totalmente a la Iglesia, podemos comprobar cómo a pesar de los intentos secularizadores efectuados por las corporaciones locales, siguen los religiosos presidiendo los centros benéficos y educativos. Durante la ilustración, en el período borbónico, empieza a acelerarse el proceso secularizador de prácticamente todas las áreas del Estado, afectando indudablemente a la Enseñanza como pilar fundamental en la reproducción ideológica.” (Santana, J. M., Monzón, M. (1994) “La Iglesia en la Instrucción Pública Canaria del siglo XVIII”., p. 523.) El Estado español reordena las políticas acerca de la economía y la administración, pues el objeto era convertir los reinos de ultramar en verdaderas colonias que produjeran el máximo de ingresos para la metrópoli convirtiendo a los reinos de Indias en un verdadero imperio económico. Eso implicaba no sólo modificar los impuestos sino aumentar la producción económica mediante la introducción de cambios técnicos en la producción, y eso representaba cambiar los criterios acerca de la educación.

Don Fray Juan Ramos de Lora (1722-1790)

 

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