URI-CANIA
REVISTA DE ESTUDIOS HISTÓRICO – PEDAGÓGICOS
San Cristóbal, Venezuela,
Enero - Junio 2005. Año 3 N° 3
EDICIONES MUSEO PEDAGÓGICO BIBLIOTECA DE LA ULA-TÁCHIRA
UNIVERSIDAD DE LOS ANDES - TÁCHIRA

Editorial
El Rostro del Museo
Maria del Carmen Moreno de Pacheco

Temístocles Salazar
La Educacion Superior Colonial en Venezuela
José Pascual Mora-García
Que dice el Simbolo de la ULA
Temístocles Salazar

La Teoria Pedagogica y su importancia
Prof. Gladys Yolanda Becerra

Ingenuidad
Maria Abigail Parra

“Arqueología de la Memoria Escrita.”
Yariesa Lugo Marmigno

Colaboradores
Autoridades
Principal

 

La Teoría Pedagógica y su importancia
en la formación docente

Prof. Gladys Yolanda Becerra
Departamento de Pedagogía de la ULA – TÁCHIRA

1. ¿Qué es una teoría?

Al revisar en el contexto se observa que el término teoría es de carácter polisémico, pues tiene muchas acepciones y significados, incluso, algunos de ellos resultan ambiguos y hasta antagónicos. Su uso va desde el ámbito cotidiano hasta el científico. Así, se tiene que la palabra teoría a veces se utiliza para referir la visión que las personas tienen con respecto a algo y se escuchan expresiones como: “Yo tengo mi propia teoría de cómo tratar los hijos”

Otra interpretación, ha sido concebir la teoría como un conjunto de ideas no comprobables e incomprensibles, desvinculadas de las cotidianidades pedagógicas y carentes de valor por no contribuir en la solución de problemas habituales. Para otras personas, la teoría sólo representa un conjunto de ideas no medibles, por lo que carecen de importancia constituyendo un elemento secundario. Algunos científicos asocian el termino con conceptos que son considerados objetos de estudio en distintos campos del saber, surgiendo expresiones como: “Teoría de la Cultura”, Teoría de la Comunicación”, entre otros (Hernández, 1995). También, suele ser utilizada la palabra, en una acepción genérica, para hacer sinonimia con la historia de las ideas de algún autor. Verbigracia: Teoría de la Personalidad de Erickson, Teoría Psicogenética de Jean Piaget. Otra tendencia, es la concepción de la teoría, como un conjunto de definiciones interrelacionadas, que representan la realidad y son explicados a través de un mapa conceptual, obviándose la riqueza explicativa que subyace en la misma, pues, a través de esa herramienta (sin discutir su importancia y uso para otros fines), no se pueden explicar todos los elementos necesarios para una comprensión profunda del objeto o parte de la realidad abordada. (Hernández, 1995).

Ahondando en los terrenos del saber científico y, desde la perspectiva epistemológica propiamente dicha, encontramos que:

• De acuerdo a la imagen clásica, la teoría constituye una acumulación resumida de hechos (Porlán, 1997)

• Pero, desde la tendencia falsacionista de la ciencia, se encuentran dos concepciones:

? La popperiana que define la teoría como “un conjunto de enunciados generales obtenidos por un proceso de inducción o un conjunto de conjeturas sometidas de forma permanente al acoso falsacionista” (Porlán, 1997, p. 35). Desde esta óptica las teorías son susceptibles al cambio.

? La postura de Lakatos, quien concibe las teorías como entes complejos altamente estructurados, como programas de investigación constituidos por un núcleo central o conjunto de hipótesis generales y, por un cinturón protector, donde residen tanto las hipótesis secundarias como los enunciados observacionales, encargado de proteger al núcleo de falsación. Desde esta óptica las teorías se resisten al cambio (Porlán, 1997). Esta concepción constituye una visión compleja de las teorías y a ella se unen los relativistas como KUHN quien las denomina Paradigmas. Con este término refiere a estructuras complejas que determinan estilos de pensamiento (Morín, 1986).

Considerando esta última concepción de teoría, puede apreciarse ya la interdependencia entre teoría y acción que es hacia donde apunta la mirada actual de la teoría pedagógica, pues, las acciones dicen de alguna manera la forma como pensamos y, generalmente, como pensamos actuamos. En este sentido, es pertinente retomar aportes como los de Martínez (1990) para quien la teoría constituye medios para operar en un contexto determinado.

Ahora bien, afinando más en el concepto de teoría, es conveniente retomar lo expuesto por Vivas (1997), para quien la teoría es una convención humana que emerge dentro de un contexto y que está impregnada de implicaciones personales, históricas, epistemológicas, sociológicas y filosóficas, ya que son explicaciones elaboradas para entender la complejidad del mundo y, por tanto, están marcadas por las visiones que se tienen de él, es decir, las cosmovisiones. Así, se puede concretar en cuanto a la definición, sobre la base de la revisión elaborada hasta aquí, del término “teoría” que ésta es un conjunto de conceptos, definiciones, proposiciones, enunciados principios interrelacionados que permiten explicar y comprender un fenómeno o parte de la realidad.

2. Importancia de las teorías

Algo es importante en la medida que sirve para algo; la relevancia de ese algo, de cualquier cosa, de un objeto, que para este caso es la teoría, está relacionada con el sentido pragmático, es decir, con la utilidad que le preste a un colectivo para resolver algún problema. Ya en la revisión sobre las definiciones algo se avizora, en cuanto a la utilidad de las teorías. Solé y Coll (1965) ante la interrogante ¿para qué teorías? respondieron: “Para interpretar, analizar, e intervenir en la realidad que mediante dichas teorías se intenta explicar” (p. 9). Hernández (1995) precisa las funciones que de alguna manera dan ese sentido utilitario de las teorías. En este sentido se tiene que las mismas cumplen funciones:

• Explicativas, al permitir dar respuesta a las interrogantes que se plantea la persona ante un hecho, fenómeno o situación, tales como: ¿qué?, ¿por qué?, ¿cómo? y ¿cuándo?

• De sistematización, refiriendo una misión organizativa del conocimiento.

• De predicción, porque aluden la capacidad de inferir la manifestación de un suceso, fenómeno y hecho en condiciones determinadas.
• De interpretación, al permitir hacer lectura de un fenómeno, hecho o realidad de acuerdo a una cosmovisión.

• De transformación, que implica los cambios que se deben generar en las acciones, tomando como referencia la interpretación o lectura que se haya hecho del fenómeno, hecho o situación.

3. Teoría Pedagógica ¿Qué es y cuál es su importancia?

La Teoría Pedagógica no ha estado exenta a la influencia de la diversidad conceptual, de la cual ha sido objeto, el término “teoría”. Pero, además, su dilucidación conceptual, se encuentra también marcada por la polisemia de la misma palabra “Pedagogía”. Pues, ante la interrogante ¿qué es la Pedagogía? emergen respuestas que limitan, a su vez, la posibilidad de responder la interrogante ¿qué es una teoría pedagógica? Es necesario por tanto, efectuar una revisión sobre lo que se entiende por “Pedagogía”.

Al intentar dar respuesta a la interrogante ¿qué es la Pedagogía? Surgen diversas respuestas. Para algunos autores la Pedagogía no tiene carácter científico, para otros es una de las llamadas ciencias de la educación y hay quienes la conciben y fundamentan como una ciencia. Explicitemos cada una de estas posturas.

3.1.- La Pedagogía como una actividad carente de status científico

Existe una postura que le niega el carácter científico a la Pedagogía y la concibe o bien como una actividad o como un arte. La concepción de la Pedagogía como actividad, se inscribe esencialmente en el significado etimológico del término y en la concepción positivista de la ciencia. De acuerdo a la primera, a las raíces, la palabra proviene de los términos griegos: “paidos” que significa niño y “ago” que significa conducir. Entonces se hablaba del paidogogo quien era el esclavo que conducía a los niños. Por lo que se dice que desde sus orígenes surge más como actividad que como saber.

Según, la segunda tendencia, es decir, la concepción científica positivista que aboga por el conocimiento objetivo, absoluto, verificable y universal, la Pedagogía al igual que las demás ciencias carecería de estas condiciones, por la complejidad del objeto de estudio que aborda, el cual, por su misma naturaleza humana, no puede ser abordado desde los paradigmas provenientes de las ciencias físicas y naturales. Aunado a ello, se suma el hecho de disgregación del objeto pedagógico en los demás campos del saber, que se explica en el apartado siguiente, el cual le circunscribe un carácter instrumental al conocimiento pedagógico, cuya aplicación lo limita al cerco del aula.

Ahora bien, en la ausencia de status científico, se incluye también la tendencia que asume la Pedagogía como arte. Esta forma de concebirla, tiene aceptación en el sentido que lo plantea Stenhouse (1995), ente otros autores, que señala que a medida que el maestro lleva a la práctica el currículo, se perfecciona profesionalmente y, cada vez, es mejor docente; como el artista, que en la medida que elabora obras, afina más sus técnicas y despliega toda su creatividad. Esta postura también tiene sus críticos. Gallego – Badillo (1997) expresa: “La Pedagogía no es un arte, ni en el sentido de lo artesanal (empírico) ni en el de los artístico. Profesionalmente, un pedagogo, no es un Mozart, un Alejo Durán, un Botero… El produce Pedagogía no obras de arte” (p.27). También Freire (1997) alude al respecto cuando plantea que el profesor no moldea a sus estudiantes, pues no trabaja con materiales inertes a los que se les da forma de acuerdo a la inspiración del artista o artesano, sino que el pedagogo trabaja con la formación de hombres y mujeres que tienen pensamientos, sentimientos, experiencias; cada alumno es un mundo, y si bien, puede ser influenciado por el docente, no puede ser formado a imagen y semejanza de lo que se le ocurra al educador en su mente.

Entonces el pedagogo dista mucho del artista. Pero es que además, si acogemos la postura de Stenhouse (1995), en lo que se aprecia con la realidad, por ejemplo, la venezolana, entra en contradicción, pues, los docentes con mayor tiempo de servicio, por lo general, salvo excepciones, tienden a convertir sus práctica en un hacer rutinario, poco creativo, con escasos cambios al modelo tradicional y, con un limitado, por no decir nulo, nivel de reflexión. Se pierde en la extrema seguridad de lo que hacen.

3.2.- La Pedagogía como una de las llamadas ciencias de la Educación.

Al asumir la Pedagogía como una de las llamadas ciencias de la educación, resulta que, la educación también la abordan otros campos disciplinares como la Filosofía, la Sociología, la Antropología, la Historia, la Administración, entre otras, denominadas ciencias humanas. De ahí que existan la Filosofía de la Educación, Historia de la Educación, Psicología de la Educación, Sociología de la Educación, Administración Educativa, entre otras. Cada una desde su campo macro aborda una parte del fenómeno educativo ¿Qué estudiaría la Pedagogía? Según Best (1988) queda circunscrita su acción al cerco disciplinar del aula, aplicando saberes de otras ciencias. Es cuando la Pedagogía pierde su status científico y adquiere un carácter instrumental y aplicacionista de los saberes producidos de otras ciencias. Reporta la literatura, que este fenómeno es consecuencia del auge cientifista que surge a inicios del siglo XX, cuando se tuvo la intención de convertir la educación en objeto científico. Aparecieron las llamadas Ciencias de la Educación. Ello trajo como consecuencia una conceptualización desarticulada que disgregó el campo pedagógico. En otros términos, el objeto de la Pedagogía quedó atomizado. Tal situación impidió sistematizar el discurso pedagógico. De esta manera, cada ciencia de la educación abordó, para su estudio, un aspecto de la práctica pedagógica y se despojó al docente de su condición de intelectual, pasando a ser un técnico e instrumentador de saberes provenientes de otros campos.

La Pedagogía pasa a ser entonces un saber subordinado a las ciencias humanas y concretizado a través de la clase, el currículo y el examen. Se alejó a los profesores de un marco de pensamiento que les permitiese apreciar los procesos esenciales de su hacer, como son: formación, enseñanza, aprendizaje, currículo, entre otros, y a su vez, emprender mecanismos para desarrollar una práctica pedagógica transformadora. Los currículos de formación docente quedaron compuestos por una serie de saberes desarticulados, que poco o nada tenían que ver con la problemática del aula y la escuela.

Desde esta perspectiva, la teoría pedagógica se constituye en un conjunto de ideas provenientes de diversas ciencias pero con pocas implicaciones prácticas. El abismo teoría y práctica se amplió, dentro del campo de la Pedagogía. Esto trajo, entre otras consecuencias, que el docente tendiera a ver la teoría pedagógica como un saber perteneciente a los libros y a los científicos, quienes conformaban una élite que se encargaba de producir conocimientos desde sus ámbitos de estudio, alejados de la realidad práctica, es decir, del aula y de la escuela. Los resultados de esta actividad discursiva constituían un conjunto de supuestos, poco entendibles por el cuerpo profesoral y sin aplicación práctica. El docente quedó relegado a ser, como lo señala Freire (1994) un aplicador de los paquetes que producen los sabelotodos y las sabelotodos en sus oficinas, en una demostración de su autoritarismo, el cual, se traduce en la poca confianza que tiene sobre la capacidad de los profesores, en cuanto a su posibilidad de saber y crear.

Ante esta situación han surgido autores, que desde la década de los 80 están haciendo revisiones para intentar delimitar el campo científico de la Pedagogía, tal es el caso de Best (1988), Zuluaga (1988), Martínez (1990), Flórez (1994), García C.,J. y García del DD., A. (1996), entre otros que han dado como resultado trabajos serios, los cuales de alguna manera, son referidos en el apartado siguiente al intentar explicar la Pedagogía como ciencia.

3.3.- La Pedagogía como ciencia

Cuando se sume la Pedagogía como ciencia pueden encontrarse varias definiciones:

a. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto la educción o la Pedagogía como ciencia de la educación.

b. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto de estudio la enseñanza.

c. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto de estudio la formación del hombre.

Como se puede apreciar, al asumir la Pedagogía como ciencia, surgen de inmediato las siguientes interrogantes ¿cuál sería su objeto? ¿Qué estudia?, pues aún los pedagogos no se han puesto de acuerdo y cualquiera de esos conceptos que se enumeran en el párrafo anterior, es posible encontrarlos en textos antiguos o actuales. Ello puede conducir a que se piense que esta ciencia no tiene un objeto delimitado. A fin de clarificar este fenómeno, denominado por algunos autores enrarecimiento pedagógico, se ha considerado conveniente analizar cada una de estas posibilidades.

a. Si se acepta como objeto de estudio a la educación o lo que algunos autores denominan como la ciencia de la educación, tenemos un objeto muy amplio y complejo para ser abordado por un saber específico. En primer lugar, porque la educación es un proceso histórico social en el que intervienen múltiples factores: económicos, políticos, culturales, físicos, genéticos, psíquicos y la lista pudiera alargarse hasta el infinito. En este sentido García C.,J. y García del DD., A. (1996) escriben: “Donde dos personas se ponen en relación y se transmiten información o mutuamente interactúan produciendo transformacio-nes y adaptaciones del comportamiento, allí se ha puesto en movimiento los mecanismos que intervienen en el proceso educativo” (p. 97).

De por sí, la educación es un proceso que puede incluir o no la sistematicidad y por tanto, puede ser o no escolarizada. Entran aquí en juego la formación de la educción. Puede considerarse una educación sistemática, al proceso que tiene una intencionalidad definida; pero ésta a su vez, puede ser formal y no formal. Lo formal tiende a asociarse a la regulación que tiene el Estado sobre la misma a través del sistema escolar organizado. La no formalidad, tiene intenciones, pero necesariamente es regulada por el Estado a través de los Ministerios de Educativos. Para el caso venezolano, la pueden conformar los programas radiales o televisivos que a bien tienen los medios transmitir, los cursos de capacitación que pueden ofrecer empresas o grupos económicos, sin estar adscritos al Ministerio de Educación y Deporte o al Ministerio de Educación Superior, que son las instancias reguladoras del Sistema Educativo Venezolano.

Pero también puede existir una educación informal llamada también, educación refleja o espontánea, que se genera en el contacto intersubjetivo del día a día. Ahora bien, surge de inmediato la interrogante ¿Qué tipo de educación abordaría la Pedagogía? Si se circunscribe a la formal, sería más correcto llamarla ciencia de la educación sistemática, lo cual, parece inadecuado, pues la educación es un proceso integral y esta clasificación o categorización se hace sólo con fines didácticos para intentar dilucidad su complejidad. Asumirla de tal forma, es propiciar una visión parcelada del fenómeno. García C.,J. y García del DD., A. (1996) exponen al respecto, que el fenómeno educacional está situado en las raíces del ser humano y por ende esta impregnado de todo tipo de hacer colectivo, lo cual hace que se encuentre omnipresente en todo tipo de manifestaciones culturales y que, a la vez, se resista a la objetivación mediante el conocimiento científico, pues se presenta como una totalidad inobservable.

Precisan, incluso los autores referidos, que convertir una parte del fenómeno educativo en objeto de la científico es “esqueletizarlo” y, en tanto que experiencia vivida por todos, sentirlo como deshecho, destruido y decompuesto” (p.99). Pero, igualmente, concebir la Pedagogía como la ciencia de la educación, aun cuando esa es la herencia de Herbart, en este momento histórico, es nadar en un inmenso mar de información, sin tener un faro que oriente un rumbo; es decir, sin posibilidades de superar el abismo, que muchos críticos como el mismo Freire (1997), Carr (1996), Giroux (1990), han denunciado entre la teoría y la práctica. Pero además, se pudiera argumentar lo señalado por Gallego – Badillo (1997) quien señala que la Pedagogía no puede ser la ciencia de la educación, porque educar es una actividad y como tal puede ser realizable sin Pedagogía.

b. Si se asume la enseñanza como objeto de estudio pedagógico por excelencia, se cae en el campo exclusivo de la Didáctica, definida como el campo, saber o ciencia cuyo objeto de estudio es la enseñanza. Entonces ¿Pedagogía y Didáctica tendrían el mismo objeto de estudio? ¿serían sinónimos? ¿cuáles serían las diferencias entre estos dos campos?

c. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto de estudio la formación del hombre, es otra posibilidad que está planteada en el contexto bibliográfico y respaldada por autores como Vasco (1990), Álvarez (1999), entre otros. La formación, tal como lo plantea Flórez (1994) es considerada como eje unificador del discurso pedagógico y puede asumirse como un proceso interno mediante el cual los individuos desarrollan la responsabilidad en todas sus dimensiones, en una relación intersubjetiva con sus semejantes, adquiriendo niveles superiores de pensamiento, mediante los cuales, pueden apropiarse de las herramientas que en el futuro les permitirán asumir su vida en forma consciente y libre, a la vez, que valoran este mismo derecho de desarrollo en sus semejantes.

Según Flórez (1194), el concepto de formación como eje articulador del discurso pedagógico, coincide con las mismas dimensiones en desarrollo que reconocen los científicos en el eje de la evolución de la naturaleza y la vida humana, como son: la universalidad, la autonomía, la inteligencia y la fraternidad. La primera permite a los seres humanos compartir con culturas presentes y pasadas, la segunda, se refiere al desarrollo del sentido de interdependencia de los hombres y mujeres a los agentes externos, alcanzando un alto grado de autodeterminación, la tercera, es el desarrollo de la capacidad para procesar información y autotransformarse y, la cuarta, referida a la capacidad de reconocer en los demás la misma capacidad de desarrollo la racionalidad, aun cuando sean diferentes. También, García C.,J. y García del DD., A. (1996) precisan este planteamiento sobre la pedagogía cuando escriben “el conocimiento implicado en la acción de formación y el conocimiento sobre el proceso de formación constituye el campo de conocimiento de la Pedagogía” (p. 127).

Igualmente, Álvarez (1999), en un esfuerzo de clarificación y precisión epistémica, propone a la educación, instrucción y desarrollo como dimensiones propias del concepto de formación, que relacionadas dialécticamente en una tríada, forman parte de un mismo proceso. Ello quiere decir, que una no se puede concretar sin relacionarse con las demás.

En este sentido, la educación, se concibe, como el proceso y resultado que desarrolla la capacidad de asimilación del conocimiento académico necesario en el desenvolvimiento cabal dentro de un contexto. La instrucción, es definida como proceso y resultado que se da en la formación para el trabajo. Y, el desarrollo, asumido como dimensión formativa, alude el proceso y resultado que les permite a los individuos desarrollar al máximo sus facultades físicas y espirituales.

Desde esta postura sobre la Pedagogía como ciencia que se encarga de la formación del hombre, puede retomarse lo propuesto por Vivas (1997) quien al interrogarse sobre qué es lo pedagógico, precisa que es todo lo referido a la formación del hombre y, en consecuencia, lo relativo a la enseñanza, el aprendizaje, el currículo y la organización escolar. Como se puede apreciar, este enfoque sobre la Ciencia Pedagógica parece ser más pertinente.

No obstante, tendría que verse la Pedagogía bajo la concepción de la ciencia desde el enfoque crítico, pues, si bien la formación puede ser una categoría que sirve como eje vertebrador del discurso pedagógico y/o la teoría pedagógica, no deja de ser un proceso complejo que toca la dimensión individual y social de los seres humanos, condicionada por las características de los contextos y momentos históricos, al igual que la educación. Entonces, un concepto positivista de ciencia, fundamentado en una verdad única, absoluta, universal, verificable, entre otras cosas, no tiene cabida.

Hasta aquí, se intenta presentar una visión sobre el objeto científico de la Pedagogía en cuanto a qué estudia, pues tal como lo plantean García C.,J. y García del DD., A. (1996) “la manera como se aborda el objeto de la indagación pedagógica determina la posibilidad de la aplicación del método científico o la de cualquier otra forma de pensamiento;…” No obstante, se reconoce que este trabajo no está acabado y que apenas vislumbra la problemática del campo conceptual de la Pedagogía; presenta limitaciones en cuanto a que no constituye una revisión epistemológica profunda, que implique mayor explicación en cuanto a una concepción de ciencia crítica, pero si se marca posición en definir la Pedagogía como la ciencia que tiene como objeto de estudio el proceso de la formación del hombre y por ende, aborda aspectos relacionados con la enseñanza, el aprendizaje, el currículo y la organización.

3.4. ¿Que es una teoría Pedagógica?

Considerando el concepto de teoría y de Pedagogía pudiera decirse que se define como teoría pedagógica al conjunto de conceptos, definiciones, proposiciones, enunciados, principios que interrelacionados permiten explicar y comprender lo pedagógico, es decir, todo lo relacionado a la formación, la enseñanza, el aprendizaje, el currículo y la organización escolar.

Más, si se asume la concepción de Lakatos (1978), por ejemplo, se puede definir la teoría pedagógica como estructuras de pensamiento constituidos por valores, creencias y supuestos que le permiten al profesor interpretar situaciones, conceptuar su experiencia, sistematizarla, investigarla, transformarla y construir la praxis pedagógica, contribuyendo a enriquecer la teoría y el discurso pedagógico. Se asume como praxis pedagógica, en el sentido que la expone Vasco (1980) como la reflexión sobre la práctica. Siendo así, la teoría pedagógica estaría en constante, construcción, reconstrucción, y reconstrucción a la luz de los aportes de otras ciencias, de las nuevas teorías pedagógicas y de sus implicaciones prácticas.

En otros términos, la teoría pedagógica es el marco de pensamiento compuesto por valores, creencias y supuestos básicos, que le permiten al docente comprender, dirigir, repensar y transformar las acciones que contribuyen a que los seres humanos eleven sus niveles intelectivos y adquieran las herramientas que en un futuro les permitirán asumir su vida en forma consciente y libre.

Ahora bien, luego de esta precisión conceptual, se puede proceder a precisar de manera más puntual la importancia de la teoría pedagógica.

3.5. Importancia de la teoría pedagógica.

En este sentido, se responde a las interrogantes del por qué de la teoría pedagógica. Pudiera iniciarse esta disertación señalando al igual que Vivas (1997), que una teoría pedagógica definida permite a los profesores penetrar en la complejidad de lo pedagógico y entender el proceso en el que se efectúa en el aula, sino que les permite apreciar las relaciones del proceso de formación humana con el contexto y, por ende, estar consciente de las influencias de lo político, lo histórico, lo filosófico, lo sociológico, etc., aspectos que se conjugan, brindando al profesorado diafanidad, congruencia y sentido a sus acciones. De esta manera, un profesor, ante la interrogante de ¿por qué hace lo que hace? No responde de forma empírica, fundamentando su hacer en lo que él cree y piensa hasta ese momento, sin niveles de reflexión profunda y sin considerar lo que aporta la ciencia pedagógica actual o del pasado. Todo lo contrario, lo ideal es que responda como todo un intelectual, fundamentando su hacer en un marco de pensamiento producto de una constante reflexión y revisión sistemática, a la luz de los aportes científicos actualizados en el campo pedagógico.

Así, una teoría pedagógica coadyuva al crecimiento profesional y personal, pues proporciona los elementos que permitirán desarrollar una práctica más científica, en el sentido de someterla a un proceso indagativo constante. De esa manera, los profesores confirman, fortalecen o transforman sus postulados, a la vez, que reorientan y transformar su acción, tanto en el marco de los paradigmas vigentes como en los resultados de su quehacer docente, dando carácter científico a su actividad cotidiana como es: la enseñanza. Ello, además, despojándolo de su condición proletaria, que los sumerge en un activismo, en un mero hacer en función de un salario, sin tener conciencia de la trascendencia histórica de su papel en el desarrollo de los pueblos.

Como se puede apreciar, la apropiación de teorías pedagógicas permite a los profesores hacer consciente lo cotidiano, pues, detrás de cada acción hay un trasfondo, el pensamiento, el cual, nos orienta una determinada manera de hacer las cosas, que para el caso de la Pedagogía, lamentablemente, ha estado signada por la tradición. Una tradición que se ha quedado muy apegada, de manera acrítica, al hacer, producto del desencuentro entre las teorías pedagógicas científicas, la realidad de las aulas y de las organizaciones escolares. Por tanto, se pudiera decir que, el consolidad una teoría pedagógica puede devenir en acciones de enseñanza más efectivas.

En otros términos, una teoría pedagógica evita a los profesores caer en dogmatismos y loes permite darse cuenta que los problemas relacionados con la formación, la enseñanza, el aprendizaje, así como la gestión y el desarrollo del currículo y las instituciones educativas. Ello no es cuestión de recetas, sino de la comprensión que se tenga del hombre, de los procesos y los aspectos inmersos en su formación e incluso, de una concepción del mundo. Es decir, que lo pedagógico no acepta descripciones mecanizadas e irreflexivas. Por eso, cuando se aborda lo referente a la teoría pedagógica, no se alude a teoría acabada, sino más bien a una teoría en constante reconstrucción a la luz de los aportes de otras ciencias, de las nuevas tendencias pedagógicas y de sus implicaciones prácticas.

Así, la teoría pedagógica permite orientar y dar orientar y dar sentido a la práctica, responder a interrogantes como: ¿para qué se forma?. ¿qué hombre se aspira formar?, ¿qué es la formación?, ¿cómo formar? Y, evaluar de forma crítica los enunciados teóricos expresados en conceptos creencias y valores que dirigen las acciones vinculadas con los procesos curriculares, de gestión, de enseñanza y de aprendizaje, transformándolos a través de la investigación en la práctica.

Como se puede apreciar, todo lo expresado en este apartado sobre la importancia de las teorías es cónsono con las funciones de la teoría que plantea Hernández (1996), pues, perfectamente se cumplen para la teoría pedagógica, como se aprecia a continuación.

Una teoría pedagógica cumple funciones:

• Explicativas, al permitir a los profesores dar respuesta a las interrogantes vinculadas al proceso de formación tales como: ¿qué individuo se pretende formar?, ¿por qué formarlo?, ¿para que formarlo? ¿Cómo formarlo? Y ¿cuándo formarlo?.

• De sistematización, refiriendo a la capacidad que deben desarrollar los docentes en cuento a la organización del conocimiento pedagógico, convirtiéndose en un escritor de su experiencia, construyendo un referente que guía la práctica pedagógica, permita la interpretación de los resultados y oriente la investigación en la acción.

• De predicción, porque los profesores apoyados en una teoría pueden inferir la manifestación de sucesos, fenómenos u hechos vinculados al proceso de formación, en el aula, en la organización escolar o en el contexto de la comunidad.

• De interpretación, al permitir hacer lectura de acontecimientos que se presentan en el aula, escuela o comunidad. De esta comprensión e interpretación depende la toma de decisiones acertadas.

• De transformación, pues implica los cambios que se deben generar en la práctica pedagógica, a partir de la interpretación o lectura que se haya hecho de las situaciones o acontecimientos considerados como pedagógicos.

Como es de apreciar, en todo este planteamiento sobre la teoría pedagógica, se corrobora lo señalado por Moreno (1990) en cuanto a la urgencia de que los profesores se conviertan en líderes intelectuales en las vertientes de:

• Pedagogo: al someterse por iniciativa propia a un proceso de actualización constante que le permita apropiarse del saber pedagógico y, por ende desenvolverse en el contexto educativo con mayor efectividad.

• Investigador: ya que la consolidación de la teoría pedagógica autoriza a los profesores a plantear el proceso de enseñar desde propuestas hipotéticas, sobre las que construye praxis pedagógica. Esta es la forma como los docentes pueden concretar la díada teoría – práctica, la cual, posibilita asumir la enseñanza como un proceso pensado encaminado a emancipar su propio pensamiento y el de sus alumnos. Así, queda desfasada la idea de asignar la teorización a una élite intelectual distante de las instituciones escolares. Es el profesorado el llamado a producir teoría pedagógica y enriquecer este campo del saber.

• Escritor: además de crear utopías pedagógicas e ideales que permiten soñar y luchar por un mundo más justo, es apremiante asumir la construcción una memoria en papel de ese sueño, de ese mundo. Es urgente que los docentes asuman la divulgación de su pensamiento, es imprescindible el intercambio de experiencias con la sociedad, con los otros campos del saber. Es además, una forma de crecer a nivel profesional, leyendo a los demás y exponiéndose a ser leído, pues solo así hay se someten las ideas a la crítica, de la cual se pueden aprender mucho. Construir conocimientos sobre la práctica y darlos a conocer, compartirlos con los demás es la concreción del liderazgo intelectual.

Para finalizar, es pertinente mencionar que en los inicios de este tercer milenio, es menester, que los profesores continúen profundizando en la construcción de teorías pedagógicas cónsonas con las características del momento histórico, a fin de encontrar horizontes educativos que permitan proseguir por senderos iluminados de sentido por lo que hacen, guiados por la diafanidad de lo que significa formar, fin último del continuo anda docente.


Referencias Bibliográficas

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