La Teoría Pedagógica y
su importancia
en la formación docente
Prof. Gladys Yolanda Becerra
Departamento de Pedagogía de la ULA – TÁCHIRA
1. ¿Qué es una teoría?
Al revisar en el contexto se observa que el término
teoría es de carácter polisémico, pues tiene
muchas acepciones y significados, incluso, algunos de ellos resultan
ambiguos y hasta antagónicos. Su uso va desde el ámbito
cotidiano hasta el científico. Así, se tiene que
la palabra teoría a veces se utiliza para referir la visión
que las personas tienen con respecto a algo y se escuchan expresiones
como: “Yo tengo mi propia teoría de cómo
tratar los hijos”
Otra interpretación, ha sido concebir la teoría
como un conjunto de ideas no comprobables e incomprensibles,
desvinculadas de las cotidianidades pedagógicas y carentes
de valor por no contribuir en la solución de problemas
habituales. Para otras personas, la teoría sólo
representa un conjunto de ideas no medibles, por lo que carecen
de importancia constituyendo un elemento secundario. Algunos
científicos asocian el termino con conceptos que son considerados
objetos de estudio en distintos campos del saber, surgiendo expresiones
como: “Teoría de la Cultura”, Teoría
de la Comunicación”, entre otros (Hernández,
1995). También, suele ser utilizada la palabra, en una
acepción genérica, para hacer sinonimia con la
historia de las ideas de algún autor. Verbigracia: Teoría
de la Personalidad de Erickson, Teoría Psicogenética
de Jean Piaget. Otra tendencia, es la concepción de la
teoría, como un conjunto de definiciones interrelacionadas,
que representan la realidad y son explicados a través
de un mapa conceptual, obviándose la riqueza explicativa
que subyace en la misma, pues, a través de esa herramienta
(sin discutir su importancia y uso para otros fines), no se pueden
explicar todos los elementos necesarios para una comprensión
profunda del objeto o parte de la realidad abordada. (Hernández,
1995).
Ahondando en los terrenos del saber científico y, desde
la perspectiva epistemológica propiamente dicha, encontramos
que:
• De acuerdo a la imagen clásica, la teoría
constituye una acumulación resumida de hechos (Porlán,
1997)
• Pero, desde la tendencia falsacionista de la ciencia,
se encuentran dos concepciones:
? La popperiana que define la teoría como “un conjunto
de enunciados generales obtenidos por un proceso de inducción
o un conjunto de conjeturas sometidas de forma permanente al
acoso falsacionista” (Porlán, 1997, p. 35). Desde
esta óptica las teorías son susceptibles al cambio.
? La postura de Lakatos, quien concibe las teorías como
entes complejos altamente estructurados, como programas de investigación
constituidos por un núcleo central o conjunto de hipótesis
generales y, por un cinturón protector, donde residen
tanto las hipótesis secundarias como los enunciados observacionales,
encargado de proteger al núcleo de falsación. Desde
esta óptica las teorías se resisten al cambio (Porlán,
1997). Esta concepción constituye una visión compleja
de las teorías y a ella se unen los relativistas como
KUHN quien las denomina Paradigmas. Con este término refiere
a estructuras complejas que determinan estilos de pensamiento
(Morín, 1986).
Considerando esta última concepción de teoría,
puede apreciarse ya la interdependencia entre teoría y
acción que es hacia donde apunta la mirada actual de la
teoría pedagógica, pues, las acciones dicen de
alguna manera la forma como pensamos y, generalmente, como pensamos
actuamos. En este sentido, es pertinente retomar aportes como
los de Martínez (1990) para quien la teoría constituye
medios para operar en un contexto determinado.
Ahora bien, afinando más en el concepto de teoría,
es conveniente retomar lo expuesto por Vivas (1997), para quien
la teoría es una convención humana que emerge dentro
de un contexto y que está impregnada de implicaciones
personales, históricas, epistemológicas, sociológicas
y filosóficas, ya que son explicaciones elaboradas para
entender la complejidad del mundo y, por tanto, están
marcadas por las visiones que se tienen de él, es decir,
las cosmovisiones. Así, se puede concretar en cuanto a
la definición, sobre la base de la revisión elaborada
hasta aquí, del término “teoría” que ésta
es un conjunto de conceptos, definiciones, proposiciones, enunciados
principios interrelacionados que permiten explicar y comprender
un fenómeno o parte de la realidad.
2. Importancia de las teorías
Algo es importante en la medida que sirve para algo; la relevancia
de ese algo, de cualquier cosa, de un objeto, que para este caso
es la teoría, está relacionada con el sentido pragmático,
es decir, con la utilidad que le preste a un colectivo para resolver
algún problema. Ya en la revisión sobre las definiciones
algo se avizora, en cuanto a la utilidad de las teorías.
Solé y Coll (1965) ante la interrogante ¿para qué teorías?
respondieron: “Para interpretar, analizar, e intervenir
en la realidad que mediante dichas teorías se intenta
explicar” (p. 9). Hernández (1995) precisa las funciones
que de alguna manera dan ese sentido utilitario de las teorías.
En este sentido se tiene que las mismas cumplen funciones:
• Explicativas, al permitir dar respuesta a las interrogantes
que se plantea la persona ante un hecho, fenómeno o situación,
tales como: ¿qué?, ¿por qué?, ¿cómo?
y ¿cuándo?
• De sistematización, refiriendo una misión
organizativa del conocimiento.
• De predicción, porque aluden la capacidad de
inferir la manifestación de un suceso, fenómeno
y hecho en condiciones determinadas.
•
De interpretación, al permitir hacer lectura de un fenómeno,
hecho o realidad de acuerdo a una cosmovisión.
• De transformación, que implica los cambios que
se deben generar en las acciones, tomando como referencia la
interpretación o lectura que se haya hecho del fenómeno,
hecho o situación.
3. Teoría Pedagógica ¿Qué es y cuál
es su importancia?
La Teoría Pedagógica no ha estado exenta a la
influencia de la diversidad conceptual, de la cual ha sido objeto,
el término “teoría”. Pero, además,
su dilucidación conceptual, se encuentra también
marcada por la polisemia de la misma palabra “Pedagogía”.
Pues, ante la interrogante ¿qué es la Pedagogía?
emergen respuestas que limitan, a su vez, la posibilidad de responder
la interrogante ¿qué es una teoría pedagógica?
Es necesario por tanto, efectuar una revisión sobre lo
que se entiende por “Pedagogía”.
Al intentar dar respuesta a la interrogante ¿qué es
la Pedagogía? Surgen diversas respuestas. Para algunos
autores la Pedagogía no tiene carácter científico,
para otros es una de las llamadas ciencias de la educación
y hay quienes la conciben y fundamentan como una ciencia. Explicitemos
cada una de estas posturas.
3.1.- La Pedagogía como una actividad carente de status
científico
Existe una postura que le niega el carácter científico
a la Pedagogía y la concibe o bien como una actividad
o como un arte. La concepción de la Pedagogía como
actividad, se inscribe esencialmente en el significado etimológico
del término y en la concepción positivista de la
ciencia. De acuerdo a la primera, a las raíces, la palabra
proviene de los términos griegos: “paidos” que
significa niño y “ago” que significa conducir.
Entonces se hablaba del paidogogo quien era el esclavo que conducía
a los niños. Por lo que se dice que desde sus orígenes
surge más como actividad que como saber.
Según, la segunda tendencia, es decir, la concepción
científica positivista que aboga por el conocimiento objetivo,
absoluto, verificable y universal, la Pedagogía al igual
que las demás ciencias carecería de estas condiciones,
por la complejidad del objeto de estudio que aborda, el cual,
por su misma naturaleza humana, no puede ser abordado desde los
paradigmas provenientes de las ciencias físicas y naturales.
Aunado a ello, se suma el hecho de disgregación del objeto
pedagógico en los demás campos del saber, que se
explica en el apartado siguiente, el cual le circunscribe un
carácter instrumental al conocimiento pedagógico,
cuya aplicación lo limita al cerco del aula.
Ahora bien, en la ausencia de status científico, se
incluye también la tendencia que asume la Pedagogía
como arte. Esta forma de concebirla, tiene aceptación
en el sentido que lo plantea Stenhouse (1995), ente otros autores,
que señala que a medida que el maestro lleva a la práctica
el currículo, se perfecciona profesionalmente y, cada
vez, es mejor docente; como el artista, que en la medida que
elabora obras, afina más sus técnicas y despliega
toda su creatividad. Esta postura también tiene sus críticos.
Gallego – Badillo (1997) expresa: “La Pedagogía
no es un arte, ni en el sentido de lo artesanal (empírico)
ni en el de los artístico. Profesionalmente, un pedagogo,
no es un Mozart, un Alejo Durán, un Botero… El produce
Pedagogía no obras de arte” (p.27). También
Freire (1997) alude al respecto cuando plantea que el profesor
no moldea a sus estudiantes, pues no trabaja con materiales inertes
a los que se les da forma de acuerdo a la inspiración
del artista o artesano, sino que el pedagogo trabaja con la formación
de hombres y mujeres que tienen pensamientos, sentimientos, experiencias;
cada alumno es un mundo, y si bien, puede ser influenciado por
el docente, no puede ser formado a imagen y semejanza de lo que
se le ocurra al educador en su mente.
Entonces el pedagogo dista mucho del artista. Pero es que además,
si acogemos la postura de Stenhouse (1995), en lo que se aprecia
con la realidad, por ejemplo, la venezolana, entra en contradicción,
pues, los docentes con mayor tiempo de servicio, por lo general,
salvo excepciones, tienden a convertir sus práctica en
un hacer rutinario, poco creativo, con escasos cambios al modelo
tradicional y, con un limitado, por no decir nulo, nivel de reflexión.
Se pierde en la extrema seguridad de lo que hacen.
3.2.- La Pedagogía como una de las llamadas ciencias
de la Educación.
Al asumir la Pedagogía como una de las llamadas ciencias
de la educación, resulta que, la educación también
la abordan otros campos disciplinares como la Filosofía,
la Sociología, la Antropología, la Historia, la
Administración, entre otras, denominadas ciencias humanas.
De ahí que existan la Filosofía de la Educación,
Historia de la Educación, Psicología de la Educación,
Sociología de la Educación, Administración
Educativa, entre otras. Cada una desde su campo macro aborda
una parte del fenómeno educativo ¿Qué estudiaría
la Pedagogía? Según Best (1988) queda circunscrita
su acción al cerco disciplinar del aula, aplicando saberes
de otras ciencias. Es cuando la Pedagogía pierde su status
científico y adquiere un carácter instrumental
y aplicacionista de los saberes producidos de otras ciencias.
Reporta la literatura, que este fenómeno es consecuencia
del auge cientifista que surge a inicios del siglo XX, cuando
se tuvo la intención de convertir la educación
en objeto científico. Aparecieron las llamadas Ciencias
de la Educación. Ello trajo como consecuencia una conceptualización
desarticulada que disgregó el campo pedagógico.
En otros términos, el objeto de la Pedagogía quedó atomizado.
Tal situación impidió sistematizar el discurso
pedagógico. De esta manera, cada ciencia de la educación
abordó, para su estudio, un aspecto de la práctica
pedagógica y se despojó al docente de su condición
de intelectual, pasando a ser un técnico e instrumentador
de saberes provenientes de otros campos.
La Pedagogía pasa a ser entonces un saber subordinado
a las ciencias humanas y concretizado a través de la clase,
el currículo y el examen. Se alejó a los profesores
de un marco de pensamiento que les permitiese apreciar los procesos
esenciales de su hacer, como son: formación, enseñanza,
aprendizaje, currículo, entre otros, y a su vez, emprender
mecanismos para desarrollar una práctica pedagógica
transformadora. Los currículos de formación docente
quedaron compuestos por una serie de saberes desarticulados,
que poco o nada tenían que ver con la problemática
del aula y la escuela.
Desde esta perspectiva, la teoría pedagógica se
constituye en un conjunto de ideas provenientes de diversas ciencias
pero con pocas implicaciones prácticas. El abismo teoría
y práctica se amplió, dentro del campo de la Pedagogía.
Esto trajo, entre otras consecuencias, que el docente tendiera
a ver la teoría pedagógica como un saber perteneciente
a los libros y a los científicos, quienes conformaban
una élite que se encargaba de producir conocimientos desde
sus ámbitos de estudio, alejados de la realidad práctica,
es decir, del aula y de la escuela. Los resultados de esta actividad
discursiva constituían un conjunto de supuestos, poco
entendibles por el cuerpo profesoral y sin aplicación
práctica. El docente quedó relegado a ser, como
lo señala Freire (1994) un aplicador de los paquetes que
producen los sabelotodos y las sabelotodos en sus oficinas, en
una demostración de su autoritarismo, el cual, se traduce
en la poca confianza que tiene sobre la capacidad de los profesores,
en cuanto a su posibilidad de saber y crear.
Ante esta situación han surgido autores, que desde la
década de los 80 están haciendo revisiones para
intentar delimitar el campo científico de la Pedagogía,
tal es el caso de Best (1988), Zuluaga (1988), Martínez
(1990), Flórez (1994), García C.,J. y García
del DD., A. (1996), entre otros que han dado como resultado trabajos
serios, los cuales de alguna manera, son referidos en el apartado
siguiente al intentar explicar la Pedagogía como ciencia.
3.3.- La Pedagogía como ciencia
Cuando se sume la Pedagogía como ciencia pueden encontrarse
varias definiciones:
a. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto la
educción o la Pedagogía como ciencia de la educación.
b. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto de
estudio la enseñanza.
c. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto de
estudio la formación del hombre.
Como se puede apreciar, al asumir la Pedagogía como ciencia,
surgen de inmediato las siguientes interrogantes ¿cuál
sería su objeto? ¿Qué estudia?, pues aún
los pedagogos no se han puesto de acuerdo y cualquiera de esos
conceptos que se enumeran en el párrafo anterior, es posible
encontrarlos en textos antiguos o actuales. Ello puede conducir
a que se piense que esta ciencia no tiene un objeto delimitado.
A fin de clarificar este fenómeno, denominado por algunos
autores enrarecimiento pedagógico, se ha considerado conveniente
analizar cada una de estas posibilidades.
a. Si se acepta como objeto de estudio a la educación
o lo que algunos autores denominan como la ciencia de la educación,
tenemos un objeto muy amplio y complejo para ser abordado por
un saber específico. En primer lugar, porque la educación
es un proceso histórico social en el que intervienen múltiples
factores: económicos, políticos, culturales, físicos,
genéticos, psíquicos y la lista pudiera alargarse
hasta el infinito. En este sentido García C.,J. y García
del DD., A. (1996) escriben: “Donde dos personas se ponen
en relación y se transmiten información o mutuamente
interactúan produciendo transformacio-nes y adaptaciones
del comportamiento, allí se ha puesto en movimiento los
mecanismos que intervienen en el proceso educativo” (p.
97).
De por sí, la educación es un proceso que puede
incluir o no la sistematicidad y por tanto, puede ser o no escolarizada.
Entran aquí en juego la formación de la educción.
Puede considerarse una educación sistemática, al
proceso que tiene una intencionalidad definida; pero ésta
a su vez, puede ser formal y no formal. Lo formal tiende a asociarse
a la regulación que tiene el Estado sobre la misma a través
del sistema escolar organizado. La no formalidad, tiene intenciones,
pero necesariamente es regulada por el Estado a través
de los Ministerios de Educativos. Para el caso venezolano, la
pueden conformar los programas radiales o televisivos que a bien
tienen los medios transmitir, los cursos de capacitación
que pueden ofrecer empresas o grupos económicos, sin estar
adscritos al Ministerio de Educación y Deporte o al Ministerio
de Educación Superior, que son las instancias reguladoras
del Sistema Educativo Venezolano.
Pero también puede existir una educación informal
llamada también, educación refleja o espontánea,
que se genera en el contacto intersubjetivo del día a
día. Ahora bien, surge de inmediato la interrogante ¿Qué tipo
de educación abordaría la Pedagogía? Si
se circunscribe a la formal, sería más correcto
llamarla ciencia de la educación sistemática, lo
cual, parece inadecuado, pues la educación es un proceso
integral y esta clasificación o categorización
se hace sólo con fines didácticos para intentar
dilucidad su complejidad. Asumirla de tal forma, es propiciar
una visión parcelada del fenómeno. García
C.,J. y García del DD., A. (1996) exponen al respecto,
que el fenómeno educacional está situado en las
raíces del ser humano y por ende esta impregnado de todo
tipo de hacer colectivo, lo cual hace que se encuentre omnipresente
en todo tipo de manifestaciones culturales y que, a la vez, se
resista a la objetivación mediante el conocimiento científico,
pues se presenta como una totalidad inobservable.
Precisan, incluso los autores referidos, que convertir una parte
del fenómeno educativo en objeto de la científico
es “esqueletizarlo” y, en tanto que experiencia vivida
por todos, sentirlo como deshecho, destruido y decompuesto” (p.99).
Pero, igualmente, concebir la Pedagogía como la ciencia
de la educación, aun cuando esa es la herencia de Herbart,
en este momento histórico, es nadar en un inmenso mar
de información, sin tener un faro que oriente un rumbo;
es decir, sin posibilidades de superar el abismo, que muchos
críticos como el mismo Freire (1997), Carr (1996), Giroux
(1990), han denunciado entre la teoría y la práctica.
Pero además, se pudiera argumentar lo señalado
por Gallego – Badillo (1997) quien señala que la
Pedagogía no puede ser la ciencia de la educación,
porque educar es una actividad y como tal puede ser realizable
sin Pedagogía.
b. Si se asume la enseñanza como objeto de estudio pedagógico
por excelencia, se cae en el campo exclusivo de la Didáctica,
definida como el campo, saber o ciencia cuyo objeto de estudio
es la enseñanza. Entonces ¿Pedagogía y Didáctica
tendrían el mismo objeto de estudio? ¿serían
sinónimos? ¿cuáles serían las diferencias
entre estos dos campos?
c. La Pedagogía como ciencia que tiene por objeto de
estudio la formación del hombre, es otra posibilidad que
está planteada en el contexto bibliográfico y respaldada
por autores como Vasco (1990), Álvarez (1999), entre otros.
La formación, tal como lo plantea Flórez (1994)
es considerada como eje unificador del discurso pedagógico
y puede asumirse como un proceso interno mediante el cual los
individuos desarrollan la responsabilidad en todas sus dimensiones,
en una relación intersubjetiva con sus semejantes, adquiriendo
niveles superiores de pensamiento, mediante los cuales, pueden
apropiarse de las herramientas que en el futuro les permitirán
asumir su vida en forma consciente y libre, a la vez, que valoran
este mismo derecho de desarrollo en sus semejantes.
Según Flórez (1194), el concepto de formación
como eje articulador del discurso pedagógico, coincide
con las mismas dimensiones en desarrollo que reconocen los científicos
en el eje de la evolución de la naturaleza y la vida humana,
como son: la universalidad, la autonomía, la inteligencia
y la fraternidad. La primera permite a los seres humanos compartir
con culturas presentes y pasadas, la segunda, se refiere al desarrollo
del sentido de interdependencia de los hombres y mujeres a los
agentes externos, alcanzando un alto grado de autodeterminación,
la tercera, es el desarrollo de la capacidad para procesar información
y autotransformarse y, la cuarta, referida a la capacidad de
reconocer en los demás la misma capacidad de desarrollo
la racionalidad, aun cuando sean diferentes. También,
García C.,J. y García del DD., A. (1996) precisan
este planteamiento sobre la pedagogía cuando escriben “el
conocimiento implicado en la acción de formación
y el conocimiento sobre el proceso de formación constituye
el campo de conocimiento de la Pedagogía” (p. 127).
Igualmente, Álvarez (1999), en un esfuerzo de clarificación
y precisión epistémica, propone a la educación,
instrucción y desarrollo como dimensiones propias del
concepto de formación, que relacionadas dialécticamente
en una tríada, forman parte de un mismo proceso. Ello
quiere decir, que una no se puede concretar sin relacionarse
con las demás.
En este sentido, la educación, se concibe, como el proceso
y resultado que desarrolla la capacidad de asimilación
del conocimiento académico necesario en el desenvolvimiento
cabal dentro de un contexto. La instrucción, es definida
como proceso y resultado que se da en la formación para
el trabajo. Y, el desarrollo, asumido como dimensión formativa,
alude el proceso y resultado que les permite a los individuos
desarrollar al máximo sus facultades físicas y
espirituales.
Desde esta postura sobre la Pedagogía como ciencia que
se encarga de la formación del hombre, puede retomarse
lo propuesto por Vivas (1997) quien al interrogarse sobre qué es
lo pedagógico, precisa que es todo lo referido a la formación
del hombre y, en consecuencia, lo relativo a la enseñanza,
el aprendizaje, el currículo y la organización
escolar. Como se puede apreciar, este enfoque sobre la Ciencia
Pedagógica parece ser más pertinente.
No obstante, tendría que verse la Pedagogía bajo
la concepción de la ciencia desde el enfoque crítico,
pues, si bien la formación puede ser una categoría
que sirve como eje vertebrador del discurso pedagógico
y/o la teoría pedagógica, no deja de ser un proceso
complejo que toca la dimensión individual y social de
los seres humanos, condicionada por las características
de los contextos y momentos históricos, al igual que la
educación. Entonces, un concepto positivista de ciencia,
fundamentado en una verdad única, absoluta, universal,
verificable, entre otras cosas, no tiene cabida.
Hasta aquí, se intenta presentar una visión sobre
el objeto científico de la Pedagogía en cuanto
a qué estudia, pues tal como lo plantean García
C.,J. y García del DD., A. (1996) “la manera como
se aborda el objeto de la indagación pedagógica
determina la posibilidad de la aplicación del método
científico o la de cualquier otra forma de pensamiento;…” No
obstante, se reconoce que este trabajo no está acabado
y que apenas vislumbra la problemática del campo conceptual
de la Pedagogía; presenta limitaciones en cuanto a que
no constituye una revisión epistemológica profunda,
que implique mayor explicación en cuanto a una concepción
de ciencia crítica, pero si se marca posición en
definir la Pedagogía como la ciencia que tiene como objeto
de estudio el proceso de la formación del hombre y por
ende, aborda aspectos relacionados con la enseñanza, el
aprendizaje, el currículo y la organización.
3.4. ¿Que es una teoría Pedagógica?
Considerando el concepto de teoría y de Pedagogía
pudiera decirse que se define como teoría pedagógica
al conjunto de conceptos, definiciones, proposiciones, enunciados,
principios que interrelacionados permiten explicar y comprender
lo pedagógico, es decir, todo lo relacionado a la formación,
la enseñanza, el aprendizaje, el currículo y la
organización escolar.
Más, si se asume la concepción de Lakatos (1978),
por ejemplo, se puede definir la teoría pedagógica
como estructuras de pensamiento constituidos por valores, creencias
y supuestos que le permiten al profesor interpretar situaciones,
conceptuar su experiencia, sistematizarla, investigarla, transformarla
y construir la praxis pedagógica, contribuyendo a enriquecer
la teoría y el discurso pedagógico. Se asume como
praxis pedagógica, en el sentido que la expone Vasco (1980)
como la reflexión sobre la práctica. Siendo así,
la teoría pedagógica estaría en constante,
construcción, reconstrucción, y reconstrucción
a la luz de los aportes de otras ciencias, de las nuevas teorías
pedagógicas y de sus implicaciones prácticas.
En otros términos, la teoría pedagógica
es el marco de pensamiento compuesto por valores, creencias y
supuestos básicos, que le permiten al docente comprender,
dirigir, repensar y transformar las acciones que contribuyen
a que los seres humanos eleven sus niveles intelectivos y adquieran
las herramientas que en un futuro les permitirán asumir
su vida en forma consciente y libre.
Ahora bien, luego de esta precisión conceptual, se puede
proceder a precisar de manera más puntual la importancia
de la teoría pedagógica.
3.5. Importancia de la teoría pedagógica.
En este sentido, se responde a las interrogantes del por qué de
la teoría pedagógica. Pudiera iniciarse esta disertación
señalando al igual que Vivas (1997), que una teoría
pedagógica definida permite a los profesores penetrar
en la complejidad de lo pedagógico y entender el proceso
en el que se efectúa en el aula, sino que les permite
apreciar las relaciones del proceso de formación humana
con el contexto y, por ende, estar consciente de las influencias
de lo político, lo histórico, lo filosófico,
lo sociológico, etc., aspectos que se conjugan, brindando
al profesorado diafanidad, congruencia y sentido a sus acciones.
De esta manera, un profesor, ante la interrogante de ¿por
qué hace lo que hace? No responde de forma empírica,
fundamentando su hacer en lo que él cree y piensa hasta
ese momento, sin niveles de reflexión profunda y sin considerar
lo que aporta la ciencia pedagógica actual o del pasado.
Todo lo contrario, lo ideal es que responda como todo un intelectual,
fundamentando su hacer en un marco de pensamiento producto de
una constante reflexión y revisión sistemática,
a la luz de los aportes científicos actualizados en el
campo pedagógico.
Así, una teoría pedagógica coadyuva al
crecimiento profesional y personal, pues proporciona los elementos
que permitirán desarrollar una práctica más
científica, en el sentido de someterla a un proceso indagativo
constante. De esa manera, los profesores confirman, fortalecen
o transforman sus postulados, a la vez, que reorientan y transformar
su acción, tanto en el marco de los paradigmas vigentes
como en los resultados de su quehacer docente, dando carácter
científico a su actividad cotidiana como es: la enseñanza.
Ello, además, despojándolo de su condición
proletaria, que los sumerge en un activismo, en un mero hacer
en función de un salario, sin tener conciencia de la trascendencia
histórica de su papel en el desarrollo de los pueblos.
Como se puede apreciar, la apropiación de teorías
pedagógicas permite a los profesores hacer consciente
lo cotidiano, pues, detrás de cada acción hay un
trasfondo, el pensamiento, el cual, nos orienta una determinada
manera de hacer las cosas, que para el caso de la Pedagogía,
lamentablemente, ha estado signada por la tradición. Una
tradición que se ha quedado muy apegada, de manera acrítica,
al hacer, producto del desencuentro entre las teorías
pedagógicas científicas, la realidad de las aulas
y de las organizaciones escolares. Por tanto, se pudiera decir
que, el consolidad una teoría pedagógica puede
devenir en acciones de enseñanza más efectivas.
En otros términos, una teoría pedagógica
evita a los profesores caer en dogmatismos y loes permite darse
cuenta que los problemas relacionados con la formación,
la enseñanza, el aprendizaje, así como la gestión
y el desarrollo del currículo y las instituciones educativas.
Ello no es cuestión de recetas, sino de la comprensión
que se tenga del hombre, de los procesos y los aspectos inmersos
en su formación e incluso, de una concepción del
mundo. Es decir, que lo pedagógico no acepta descripciones
mecanizadas e irreflexivas. Por eso, cuando se aborda lo referente
a la teoría pedagógica, no se alude a teoría
acabada, sino más bien a una teoría en constante
reconstrucción a la luz de los aportes de otras ciencias,
de las nuevas tendencias pedagógicas y de sus implicaciones
prácticas.
Así, la teoría pedagógica permite orientar
y dar orientar y dar sentido a la práctica, responder
a interrogantes como: ¿para qué se forma?. ¿qué hombre
se aspira formar?, ¿qué es la formación?, ¿cómo
formar? Y, evaluar de forma crítica los enunciados teóricos
expresados en conceptos creencias y valores que dirigen las acciones
vinculadas con los procesos curriculares, de gestión,
de enseñanza y de aprendizaje, transformándolos
a través de la investigación en la práctica.
Como se puede apreciar, todo lo expresado en este apartado
sobre la importancia de las teorías es cónsono
con las funciones de la teoría que plantea Hernández
(1996), pues, perfectamente se cumplen para la teoría
pedagógica, como se aprecia a continuación.
Una teoría pedagógica cumple funciones:
• Explicativas, al permitir a los profesores dar respuesta
a las interrogantes vinculadas al proceso de formación
tales como: ¿qué individuo se pretende formar?, ¿por
qué formarlo?, ¿para que formarlo? ¿Cómo
formarlo? Y ¿cuándo formarlo?.
• De sistematización, refiriendo a la capacidad
que deben desarrollar los docentes en cuento a la organización
del conocimiento pedagógico, convirtiéndose en
un escritor de su experiencia, construyendo un referente que
guía la práctica pedagógica, permita la
interpretación de los resultados y oriente la investigación
en la acción.
• De predicción, porque los profesores apoyados
en una teoría pueden inferir la manifestación de
sucesos, fenómenos u hechos vinculados al proceso de formación,
en el aula, en la organización escolar o en el contexto
de la comunidad.
• De interpretación, al permitir hacer lectura
de acontecimientos que se presentan en el aula, escuela o comunidad.
De esta comprensión e interpretación depende la
toma de decisiones acertadas.
• De transformación, pues implica los cambios que
se deben generar en la práctica pedagógica, a partir
de la interpretación o lectura que se haya hecho de las
situaciones o acontecimientos considerados como pedagógicos.
Como es de apreciar, en todo este planteamiento sobre la teoría
pedagógica, se corrobora lo señalado por Moreno
(1990) en cuanto a la urgencia de que los profesores se conviertan
en líderes intelectuales en las vertientes de:
• Pedagogo: al someterse por iniciativa propia a un proceso
de actualización constante que le permita apropiarse del
saber pedagógico y, por ende desenvolverse en el contexto
educativo con mayor efectividad.
• Investigador: ya que la consolidación de la teoría
pedagógica autoriza a los profesores a plantear el proceso
de enseñar desde propuestas hipotéticas, sobre
las que construye praxis pedagógica. Esta es la forma
como los docentes pueden concretar la díada teoría – práctica,
la cual, posibilita asumir la enseñanza como un proceso
pensado encaminado a emancipar su propio pensamiento y el de
sus alumnos. Así, queda desfasada la idea de asignar la
teorización a una élite intelectual distante de
las instituciones escolares. Es el profesorado el llamado a producir
teoría pedagógica y enriquecer este campo del saber.
• Escritor: además de crear utopías pedagógicas
e ideales que permiten soñar y luchar por un mundo más
justo, es apremiante asumir la construcción una memoria
en papel de ese sueño, de ese mundo. Es urgente que los
docentes asuman la divulgación de su pensamiento, es imprescindible
el intercambio de experiencias con la sociedad, con los otros
campos del saber. Es además, una forma de crecer a nivel
profesional, leyendo a los demás y exponiéndose
a ser leído, pues solo así hay se someten las ideas
a la crítica, de la cual se pueden aprender mucho. Construir
conocimientos sobre la práctica y darlos a conocer, compartirlos
con los demás es la concreción del liderazgo intelectual.
Para finalizar, es pertinente mencionar que en los inicios de
este tercer milenio, es menester, que los profesores continúen
profundizando en la construcción de teorías pedagógicas
cónsonas con las características del momento histórico,
a fin de encontrar horizontes educativos que permitan proseguir
por senderos iluminados de sentido por lo que hacen, guiados
por la diafanidad de lo que significa formar, fin último
del continuo anda docente.
Referencias Bibliográficas
Álvarez de Z., C. (1999). Didáctica. La escuela
en la vida. La Habana: pueblo y educación.
Bedoya I. y Gómez, M. (1998). Epistemología y
Pedagogía. Bogotá. Edit. Presencia.
Best, F. (1988). Los avatares de la palabra pedagogía.
Perspectivas. 8. UNESCO.
Carr, W. (1996) Una teoría para la educación.
Madrid: Morata.
Flórez O., R. (1994) Hacia una Pedagogía del Conocimiento.
Bogotá: McGrawHill.
Freire, P. (1994). Cartas a quien pretende enseñar. México:
Siglo XXI.
Gallego – Badillo, R. (1997). Saber Pedagógico.
Una visión Alternativa. Bogotá: Magisterio.
García C., J. y García del DD., A. (1996). Teoría
de la Educación. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.
Giroux, H. (1990). Los profesores como intelectuales. Madrid:
Paidós.
Hernández Sampieri y Otros. (1965). Metodología
de la Investigación. Bogotá: McGrawHill.
Martínez B., A. (1990). Teoría pedagógica.
Una Mirada Arqueológica a la Pedagogía. Pedagogía
y Saberes. 1. Bogotá.
Moreno, H. (1990). Pedagogía y Educación. Bogotá:
Ediciones Preleseccia.
Morin, E. (1986). El método. El conocimiento del conocimiento.
Madrid: Cátedra
Porlán, R. (1997). Constructivismo y escuela. Sevilla:
Díada.
Solé I. y Coll, C. (1995). Los profesores y la concepción
Constructivista. En El constructivismo en el aula. Barcelona:
Graó.
Stenhouse, L. (1995). La investigación del currículum
y el arte del profesor. Acción Pedagógica, 4(1,2).
Vasco, C. (1990). Algunas reflexiones sobre la Pedagogía
y la Didáctica. Bogotá: CORPRODIC.
Vivas, G., M. (1997). Teoría Pedagógica. Un imperativo
para la práctica reflexiva. Revista de Pedagogía.
XVIII (52). UCV.
Zuluaga, O. y Otros. (1988). Educación y Pedagogía.
Una diferencia necesaria. Educación y Cultura. (14). Bogotá.